viernes, 15 de noviembre de 2013

Esto no es justo. No me merezco esto.

Hay dos expresiones que se utilizan mucho en la vida cotidiana. En realidad,  si nos damos cuenta una proviene directamente de la otra:     

 - Esto no es justo.
 - Te mereces algo mejor.

¿Cuántas veces te los has dicho? ¿Cuántas veces te lo han dicho? ¿Las has escuchado o te las has dicho casualmente hoy?¿Y esta semana?

La verdad que son dos expresiones que, desde mi punto de vista, no tienen sentido.  Por eso, cada vez que alguien me dice que “eso tú no te lo mereces porque tú te mereces cosas buenas”, aunque agradezco la frase, pues sin duda es reflejo del aprecio que esa persona tiene hacia mí, no es un reflejo de cómo funciona la realidad. Así que de lo que me quedo de esa frase cuando alguien me la dice, es que si me la dice es porque me quiere.

La vida no funciona de forma justa. Esto es algo que podemos evaluar  todos, todos los días. Cuando alguien comete un asesinato, por ejemplo, que puede ser el acto más cruel contra otra persona, a quien lo hace, no le pasan cosas malas “porque se lo merece” o al contrario, a las personas que hacen el bien, el mundo no conspira para darle todo lo bueno (más allá de lo que esa persona consigue a través de su conducta). Esto es una obviedad pero parece que continuamente se nos olvida.

Por eso, en la intimidad solemos decirnos a nosotros mismos: “no es justo lo que me acaba de pasar” “me merezco algo mejor” y esperamos a que la gente nos diga que nos merecemos lo bueno. Como dice Rafael Santandreu “la justicia está sobrevalorada. En la naturaleza no existe justicia”.

Es interesante partir de lo que queremos, de lo que nos desearíamos que nos pasara y trabajar firmemente para conseguirlo. Pero si no lo conseguimos, tenemos que tener la suficiente flexibilidad mental para aceptar que eso no nos corresponde.

En relación a la justicia y las relaciones humanas , para mí algo fundamental que se nos debe quedar claro, es cuáles son nuestros valores: “qué nos gusta y qué no”, “cómo nos gusta que nos traten los demás”. Si tuviéramos más claros estos valores, y para nosotros es importante ser justos con nosotros mismos, si alguien no cumple con las expectativas de nuestros valores y para nosotros estos valores son fundamentales e intocables, debemos tener la fortaleza de dejar de quejarnos, dejar de valorar si esta situación es justa o no y, por tanto, dejar al otro ir.

Por poner un ejemplo, cuando una relación de pareja está empezando (también puede pasar cuando la relación lleva tiempo pero en esa caso la estrategia puede ser otra) y aún no se sabe si es una relación seria o no, solemos exigir al otro que nos trate de una manera determinada y nos solemos quejar si el otro no lo hace: “jó, por qué no me llamas” “por qué no cuentas conmigo para eso” “no es justa la forma en qué me trata” “no me tiene aprecio”.

De nada sirve pedir una y otra vez al otro que cambie la forma de tratarnos, la forma de relacionarse con nosotros porque lo más probable que pase es que poco a poco se aleje de nosotros. Cuanto más pedimos, menos libre se siente el otro para dar.


Por eso, un truco que siempre funciona es dejar que el otro actúe libremente y así podremos ver realmente el interés que tiene en nuestra persona.

3 comentarios:

  1. Me encanta como quedó el dibujo subido.
    Aunque la foto está bastante mal xDDD
    Te pasaré las fotos *^*
    Besos :DD
    GRAN HISTORIA!

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    1. Totalmente de acuerdo con tu exposición.

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    2. Gracias por tu comentario Angalu!

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Gracias por compartir tu experiencia!!!