sábado, 28 de marzo de 2015

El secreto de Diana

- "Carlos, te tengo que contar un secreto".
- "Dime, dime".- Carlos sonríe aunque, cuando me fijo bien, parece preocupado. 
- "Es que te tengo que decir una cosa, pero estoy nerviosa".
- "¡Venga!, dímela". - Le anima Carlos.
- "Vamos mejor fuera".- Les acompaño porque no me gusta dejarles solos. 
- "Carlos, no sé cómo decirte esto".
- "¿El qué?.- Cada vez Carlos sonríe más. La cara de preocupación también es mayor. 
- "Tengo novio. Vive en Burgos". - Carlos y Diana ni siquiera se miran al decirse estas palabras. Los dos miran al frente. 
Pasan unos segundos, Carlos empieza a estrangular a Diana. Diana se pone un poquito roja. Les tengo que separar. 
- "¿Ves? Por esto no te lo quería contar. Sabía que te ibas a enfadar". 

 Carlos se va a otro silla enfadado. Mira hacia la calle, de espaldas a nosotras. Le preguntó a Diana que desde cuándo tiene novio. Me dice que desde que tenía 3 años. Ahora tiene 7. Diana se levanta y va a hablar con Carlos. Le dice que no se preocupe, que no se enfade. Carlos, de 5 años, no le habla al principio. Al final, se jacta de que él también tiene novia: es su profesora. 

 Carlos mueve la cabeza para evitar el contacto visual con Diana. Ella le dice que parece un rockero. Él mueve más fuerte y entonces ella afirma que con el pelo así, Carlos se parece a su novio, a Rafa. 

 Después de esto vuelven a clase corriendo juntos y vuelven a pasárselo bien. En un momento dado, Carlos se vuelva a acordar y, de nuevo, se entristece. Para de jugar en la clase y se pone a mirar hacia la ventana. Entonces, Fernandito le pregunta: "¿Qué te pasa Carlos?". Carlos le dice que está triste y mira a Diana. Fernandito, de 6 años, se da cuenta de lo qué pasa y empieza a chillar: "yo de mayor quiero ser Papa; yo de mayor voy a ser Papa. Voy a ser el Papa Francisco". Así repetidas veces. 

 Al final, acaban todos juntos riéndose en la pizarra, aprendiendo cómo se escriben novia, novio y Papa en inglés. Se divierten. 



domingo, 22 de marzo de 2015

La gente es que es la leche

  Muchas veces nos dejamos desesperar por cómo actúa la gente respecto a nosotros. Criticamos sus comportamientos y les acusamos de no tratarnos lo suficientemente bien, de ser egoístas y lo bastante egocéntricos para no tener en cuenta nuestros sentimientos. ¿Quién no ha dicho alguna vez? "¡La gente es que es la leche!" o "todo el mundo es igual". Esto lo decimos sin pensar que nosotros también somos "gente" para otros. 

  Últimamente, tiendo a usar en primero persona el verbo "ser" en estas frases puesto que, aunque no sea intencionado, en la mayoría de los casos, muchas veces también utilizo frases desafortunadas, tengo conductas que pueden ser molestas para otras personas, o simplemente no reacciono bien en situaciones que se espera otra reacción de mi. 

  Por eso, darse cuenta de que nuestra forma de actuar, a veces, también daña a los demás y es algo que hacemos sin querer y no es significativo, hace que podamos asimilar mejor las argumentaciones en contra de una de las tres principales creencias erróneas que según Albert Ellis tenemos los seres humanos. Esta es: "los otros deben comportarse bien y justamente con nosotros". Pues no. No siempre se van a comportar así y esto es una certeza. 

  Tendemos a creer que existe un principio de justicia universal en el mundo que, en realidad es un principio que nosotros hemos creado y es por el cual regimos nuestra vida. Este principio suele ser más exigente y severo cuando analizamos la conducta de los demás hacia nosotros que cuando nosotros hacemos algo mal. Es decir, si los otros no se comportan como creemos por este principio que se deben comportar, los acribillamos o nos sentimos fatal y si nosotros nos saltamos nuestro principio, entonces siempre podremos encontrar la excusa perfecta por el que lo hicimos. 

  Todos somos la leche en un momento dado. En mi caso, he dejado de sentirme culpable por no tener siempre una conducta que se considere "universalmente justa" desde mi punto de vista o desde el de los demás. Somos seres humanos. Fallamos, rectificamos y nos volvemos a equivocar. Y por mucho que digan que la vida sirve para aprender, muchas veces no aprendemos. Pero eso, no nos hace menos valiosos como personas. Sólo tienes que intentar dar lo mejor de ti en cada momento. 

sábado, 14 de marzo de 2015

Miedo al rechazo

  Nunca había pensado en las ventajas que tiene no tener miedo al rechazo hasta que comparé personas que consiguen sus objetivos frente a personas que están estancadas. No tenerle miedo, te hace ser mucho más valiente. Si no temes que algo te puede salir mal, si no te quedas anclado cuando algo te sale mal y eres capaz de pasar rápidamente a lo siguiente, entonces la vida fluye mejor y más. Tengo amigo que no son guapos y, sin embargo, ligan mogollón y tengo otros que son muy guapos y nada. Creo que esto se debe a dos motivos:

- El primero es que les da igual que les digan que no. Bueno, a lo mejor les pica un poco, pero en general, si les dicen que no, no se quedan paralizados por la negativa, si no que rápidamente pasan a otra cosa 
- Además, saben que cuanto más lo intenten, más probabilidades tendrán de que alguien diga "sí"

  Muchas veces nos han hecho pensar que el rechazo es algo negativo, que si te rechazan vales menos, eres menos valioso. No es cierto. No puede serlo cuando durante nuestra vida nos rechazarán en numerosas ocasiones: trabajo, amor, amistades que ya no nos quieren, etc. Nuestro valor en el mundo no puede depender de algo que va a pasar muchas veces, de algo que depende de los demás y no de nosotros mismos. 

  El rechazo no es algo negativo, no te quita valor como persona ni te hace menos valioso. Sin embargo, es una de las grandes mentiras que mantenemos y más ahora que vivimos en una sociedad en la que si quieres algo, no es difícil conseguirlo

  Cuanto más nos rechacen, más cerca estaremos del sí. No obstante, si tenemos tanto miedo al rechazo que evitamos por completo intentarlo, entonces alejaremos la posibilidad de que una nueva aventura nos pase en la vida. Si no creamos la oportunidad, nada pasará en tu vida. 

  Cuantas más veces perdamos, más cerca estaremos de ganar y dentro de la victoria, también está cercana la derrota