sábado, 23 de noviembre de 2013

¿Cómo superar una ruptura y cómo me influyó negativamente el libro el Secreto?

Lo primero que quiero decir es que no me he leído este libro. Lo han leído varias amigas y a través de ellas, me llegó la principal propuesta de este libro. Ellas, como buenas amigas, me recomendaron algunas de las instrucciones que proponen este libro. Obviamente, no es muy prudente opinar acerca de un libro que no has leído pues para opinar bien tienes que conocer distintos puntos de vista. No obstante, no me voy a permitir leer este libro pues, para mí, se basa en la superstición ("piensa esto y lo conseguirás") y yo, como todos, soy una persona supersticiosa.
Fue hace más de un año ya (menos mal que muchas veces el tiempo pasa para bien). En ese momento, me sentía muy enamorada de una persona que no me correspondía como yo quería y mis ideas sobre esta relación llegaron a ser obsesivas. Empecé a terribilizar la situación, no sólo a nivel individual sobre esa persona (“si no es él, no es ninguno”) sino respecto a mi vida en general (“con la edad que tengo, sola y sin familia”). Pensamientos terribles y no realistas que me hacían sentir emociones extremas, cercanas a la tristeza absoluta.

En este contexto, la mejor recomendación que cualquiera pueda hacer es acudir a un psicólogo que te ayude a cambiar las ideas a través del debate y te haga ver el poco sentido y la escasa funcionalidad de éstas.
Sin embargo, como no quería dejar de estar enamorada de esa persona y crees en una superstición muy común (si me preocupo, algo bueno pasará), pues en vez de acudir al psicólogo, me refugié en aquellas personas que me decían aquello que quería escuchar (y a los que tengo que dar las gracias pues bastante difícil es soportar a una persona en estas condiciones).
En este contexto psicológico, entra en juego este libro: El secreto. Varias amigas estaban viviendo un proceso de cambio y superación personal y me comentaron la principal idea que aparece en este libro y es que “si deseas algo con la suficiente intensidad, el universo a través de la ley de la atracción te lo traerá”. Y claro, esa idea supersticiosa encontró un buen hueco en mi cerebro para acomodarse.
Una y otra vez deseé, escribí en un papel lo que deseaba (papel que ha viajado conmigo por distintos países) y al final lo único que pasó fue que me OBSESIONÉ. Además, conforme pasaba el tiempo la obsesión cambiaba: primero era una obsesión particular (deseo a esta persona) después una obsesión general, ya que como la persona no se acercaba, me dijeron que lo estaba haciendo mal, que no hay que desear a una persona en concreto sino la situación vital que quieres conquistar (deseo tener a una persona que me quiera a mi lado).
En la pérdida de cordura que viví en este tiempo (ahora me leo y no me reconozco), conforme me recuperaba, sabía que había algo mal, que no era bueno desear con tanta magnitud (aunque sea un deseo legítimo) y sobretodo posponer mi felicidad a cuando lo consiga.
Incluso, cuando comuniqué a las personas cercanas que a lo mejor ese método era erróneo, encontré rechazo. (Casi) nadie quería escucharme cuando decía un pensamiento mucho más adaptativo: “a lo mejor nunca tengo una familia y a pesar de eso tengo que ser feliz y aceptar”. Y esta última reflexión que algunos no quieren escuchar es totalmente cierta. No todo el mundo tendrá una familia “por mucho que se lo merezca” y no por eso serán más desdichados que aquellos que la tengan.
Fuera el esquema mental de que las cosas externas, las cosas que deseas son las únicas que te pueden hacer feliz. Tú ya tienes todo en ti para ser feliz.

¡Qué malos son los 30!

viernes, 15 de noviembre de 2013

Esto no es justo. No me merezco esto.

Hay dos expresiones que se utilizan mucho en la vida cotidiana. En realidad,  si nos damos cuenta una proviene directamente de la otra:     

 - Esto no es justo.
 - Te mereces algo mejor.

¿Cuántas veces te los has dicho? ¿Cuántas veces te lo han dicho? ¿Las has escuchado o te las has dicho casualmente hoy?¿Y esta semana?

La verdad que son dos expresiones que, desde mi punto de vista, no tienen sentido.  Por eso, cada vez que alguien me dice que “eso tú no te lo mereces porque tú te mereces cosas buenas”, aunque agradezco la frase, pues sin duda es reflejo del aprecio que esa persona tiene hacia mí, no es un reflejo de cómo funciona la realidad. Así que de lo que me quedo de esa frase cuando alguien me la dice, es que si me la dice es porque me quiere.

La vida no funciona de forma justa. Esto es algo que podemos evaluar  todos, todos los días. Cuando alguien comete un asesinato, por ejemplo, que puede ser el acto más cruel contra otra persona, a quien lo hace, no le pasan cosas malas “porque se lo merece” o al contrario, a las personas que hacen el bien, el mundo no conspira para darle todo lo bueno (más allá de lo que esa persona consigue a través de su conducta). Esto es una obviedad pero parece que continuamente se nos olvida.

Por eso, en la intimidad solemos decirnos a nosotros mismos: “no es justo lo que me acaba de pasar” “me merezco algo mejor” y esperamos a que la gente nos diga que nos merecemos lo bueno. Como dice Rafael Santandreu “la justicia está sobrevalorada. En la naturaleza no existe justicia”.

Es interesante partir de lo que queremos, de lo que nos desearíamos que nos pasara y trabajar firmemente para conseguirlo. Pero si no lo conseguimos, tenemos que tener la suficiente flexibilidad mental para aceptar que eso no nos corresponde.

En relación a la justicia y las relaciones humanas , para mí algo fundamental que se nos debe quedar claro, es cuáles son nuestros valores: “qué nos gusta y qué no”, “cómo nos gusta que nos traten los demás”. Si tuviéramos más claros estos valores, y para nosotros es importante ser justos con nosotros mismos, si alguien no cumple con las expectativas de nuestros valores y para nosotros estos valores son fundamentales e intocables, debemos tener la fortaleza de dejar de quejarnos, dejar de valorar si esta situación es justa o no y, por tanto, dejar al otro ir.

Por poner un ejemplo, cuando una relación de pareja está empezando (también puede pasar cuando la relación lleva tiempo pero en esa caso la estrategia puede ser otra) y aún no se sabe si es una relación seria o no, solemos exigir al otro que nos trate de una manera determinada y nos solemos quejar si el otro no lo hace: “jó, por qué no me llamas” “por qué no cuentas conmigo para eso” “no es justa la forma en qué me trata” “no me tiene aprecio”.

De nada sirve pedir una y otra vez al otro que cambie la forma de tratarnos, la forma de relacionarse con nosotros porque lo más probable que pase es que poco a poco se aleje de nosotros. Cuanto más pedimos, menos libre se siente el otro para dar.


Por eso, un truco que siempre funciona es dejar que el otro actúe libremente y así podremos ver realmente el interés que tiene en nuestra persona.