viernes, 31 de octubre de 2014

Contestar al whastapp es de buena educación


  Ya hemos hablado en muchos post de lo proclives que somos los seres humanos a autoengañarnos. Todos lo hacemos. Siempre tenemos la excusa perfecta para justificar la razón de por qué hemos hecho algo que hubiera sido mejor que no hubiéramos hecho. Y una de esas razones absurdas es "por educación"


¿Cómo se relacionan la educación y los whatsapp?

  El whatsapp es una herramienta útil de contacto que en un momento dado puede volverse algo agobiante. ¿A quién no le ha pasado de esos días que cuando terminas una larga y cansada jornada laboral tienes tantos whatsapp que se te acelera el corazón sólo de ver el número?

  Según tus principios de educación SIEMPRE hay que contestar a un whatsapp. 

  Sin embargo, ese día estás muy cansada y no te apetece contestar a ninguno de los whatsapp que te han escrito. Por un día, vas a hacer una excepción a tus reglas de educación. No obstante, aunque entre todos esos whatsapp NO está el de la persona que te gusta, usas el poco tiempo que tienes para mandarle un whatsapp a la persona que te gusta, whatsapp que normalmente no recibe respuesta... ¡Era al único que hubiera sido mejor que no hubieras escrito!

Pero ¿qué pasa con la educación en los whatsapp con una relación que quieres terminar? 

  La situación es la siguiente: te gusta un chico (o una chica, da igual), habéis estado un tiempo juntos y ya te has dado cuenta que esa persona no quiere mucho más contigo que ese tiempo que ya habéis pasado junto. Te lo ha dicho claro: "si quieres seguir así, perfecto, pero más NO". Sin embargo, tú estás empezando a sentir algo más especial por él (o ella). De hecho, piensas que de seguir viéndoos vas a pasar a la siguiente fase: "enamoramiento" y ya lo has pasado muy mal y no quieres volver a pasarlo mal por ¡otra vez este tipo de relaciones!, por lo que concluyes que lo mejor es dejar de veros (en otro post hablaré que no creo que está sea la mejor solución porque es una solución que requiere un compromiso muy fuerte).

  Bueno, pues siguiendo con el requerimiento que te has hecho: "no mantener ningún tipo de contacto", tú no te pones en contacto con esa persona.  Sin embargo, el otro que no tiene ningún problema en hablar contigo porque sabe que no se va a enamorar y, sin embargo, sí que le gusta pasar alguna parte de su tiempo junto a ti, de repente, te manda un whatsapp en el que te pone: "Ey, ¿cómo estás?"

  Y tú lo ves y lo primero que piensas es: "Horroooor, por qué me escribre si le he dicho que no lo hiciera?". ¡Perdón! no vamos a engañarnos. Esto es lo SEGUNDO que piensas. Lo PRIMERO que piensas es: "ostras, a lo mejor le gustó, a lo mejor me está empezando a querer y me ha escrito este whatsapp porque se acuerda de mi...". Y eso sí que es un "HOOORRROORRR" de pensamiento. 

  Automáticamente tendemos a pensar que si nos ha escrito es por algo más. Sin embargo, normalmente no es cierto. La situación no ha cambiado, sus sentimientos no han cambiado pero la otra persona, quizás por educación, quizás por respeto, quiere saber (o tantear) en qué situación te encuentras. 

  Y tú ¿qué haces? ¿contestas al whataspp o mantienes el compromiso de no contacto?

  Pues ahí está el autoengaño. Conversación típica:
    -  ¿Sabes algo de Manuel? 
    -  Pues ya sabes que te dije que no iba a ponerme en contacto con él pero el otro día me escribió un whatsapp y le contesté por educación...¡me daba rollo no contestarle!

 3 días después, Sole estaba otra vez durmiendo en casa de Manuel, cosa que me había jurado que no iba a volver a hacer... 

  Si lo quieres hacer, hazlo pero no te auto engañes porque engañándote eternizas la situación. Sin embargo, hay una máxima que me decían mis personas mayores en casa que creo que es fundamental para aplicarla en esta situación: "lo que has dicho que vas a hacer, hazlo". Así que, cumple con tu palabra. No ponerte en contacto con esa persona, después de haberle explicado que no lo ibas a hacer, no es de mala educación. Es cumplir contigo misma, la persona más importante de tu vida.  


lunes, 27 de octubre de 2014

El perfeccionismo y cómo convertir a mi hijo en un robot

- ¿Puede venir tu hija mañana a las 17:00?
- No, no puede. Tiene natación. Lunes y miércoles
- ¿Y el miércoles a las 18:30, después de la natación?
- Imposible. A las 18:00 empieza la clase de francés. Menos mal que está al lado del polideportivo y sólo se pierde 10 minutos. 
- ¿Puede venir el viernes a las 16:00?
- Clase de inglés. 
- ¿Y el sábado por la mañana?
- La llevamos a jugar al pádel. Es que es muy buena en pádel, ¿sabes? Y a ella ¡le encanta!


  Este horario es un horario que refleja bastante la realidad de los horarios que tienen la mayoría de los niños y niñas de mi ciudad. Resulta que, además de esto, también van a la catequesis, a ballet, a música... Pero, no me refiero a que vayan niños diferentes. ¡Los mismos niños pasan por todas esas actividades!!! 

  Menos mal que los niños no tienen la misma conciencia del tiempo que los adultos porque si yo cada día que me levanto supiera que además de ir a trabajar desde las 8:30 de la mañana hasta las 15:00 o 17:00 (dependiendo del colegio), fuera consciente que después tengo que ir a clases de canto, inglés, francés, deporte, clases de apoyo escolar para las asignaturas que llevo mal y, además, hacer las tareas de las que llevo bien... entonces, de verdad, que de lo cansada que me parecería cada jornada laboral, construiría un muro con la manta para que mi madre no pudiera encontrarme. 

  ¿Qué estamos haciendo con nuestros hijos? ¿En qué queremos convertirlos? ¿Queremos que sean los mejores, para qué? Y sobre todo ¿queremos que sean los mejores en qué?

  Y estas preguntas me las hago porque cuando yo tenía 15 años pensaba que todo iba a cambiar, que realmente con el paso de los años la gente sería diferente, habría más igualdad entre mujeres y hombres, los gays, inmigrantes, enfermos mentales no serían vistos de una forma rara, que la gente se ayudaría más, habría más tolerancia, comprensión y sobre todo respeto. La gente no tendría miedo por demostrar el amor entre unas personas y otras... 

  Sin embargo, los índices de maltrato siguen aumentando, muchos estudios de género encuentran que se siguen manteniendo los mismos (o peores) estereotipos de género, la tolerancia la mostramos de puertas para fuera, lo más importante es ser listo como Bill Gates, triunfar tan joven como Mark Zuckerberg, tener un tipazo como Beyoncé, ser tan popular como Brad Pitt y así... cientos de "valores" que no sirven para nada. Que no dan felicidad, ni paz, ni tranquilidad, ni estabilidad, ni...

  Me gustaría que dentro de ese apretado horario, dejasen un tiempo para que los niños y las niñas pudieran conocer lo beneficioso de un movimiento que surgió en Italia en los 80 en contraposición de todo lo rápido (contra los restaurantes de comida rápida a la cabeza)  y es el movimiento SLOW. Como me dijo el otro día un niño (11 años) cuando le pregunté que qué quería ser de mayor : 

  - De mayor quiero trabajar haciendo vídeo juegos. Le dije: ostras qué chulo. A mi también me molaría hacer eso. Él me contesto algo que me abrió mucho los ojos de cómo se sienten hoy los niños: No quiero trabajar en esto porque este chulo. Quiero trabajar con vídeo juegos porque se trabaja despacio. Y a mi me gusta ir más despacio... 

  Y luego nos seguiremos preguntando por qué personas tan ricas y famosas y populares y... como Robbie Williams se pueden quitar la vida. 


sábado, 18 de octubre de 2014

Ser cuadriculado

 Reconozco que cuando pienso en este título: "ser cuadriculado", mi opinión se orienta en un sentido influida por mi forma de actuar. En general, no me gustan las cosas perfectamente ordenadas, me gustan la desorganización y el desorden, con límites como todo. 

 Admiro a las personas que empiezan con un compromiso (adelgazar, por ejemplo) y lo mantienen hasta el final (hasta que no haya perdido 5 kilos, no pararé de: no comer, no beber cerveza, chocolate, dulces...). Sin embargo, cuando esto se hace a costa de un sufrimiento alto y de imponerte una serie de limitaciones que cambian tu vida personal, entonces creo que el mejor resultado no merece tanto la pena.

  Conozco a quien tiene la costumbre de llevar todo lo que hace al extremo. Me refiero a una persona con una rutina muy marcada que cuando introduce algo en su vida, lo hace hasta límites insospechados. Lo último: hacer deporte. Empezó fuerte (con un entrenador personal) y pronto introducirá nuevas formas de "terapia musculosa" y métodos para conseguir el cuerpo más perfecto que pueda alcanzar (ahora mismo su cuerpo ya es bastante perfecto).

  Esto que puede parecer divertido porque no tiene por qué estar mal probar aventuras nuevas, no lo parece tanto cuando le limita todo el tiempo para estar con el resto de sus amigos, salir o echar un buen rato. Por ejemplo, "no salgo porque tengo que ir al gym", "no quedo con los amigos porque no quiero consumir nada", "no tengo tiempo para hacer nada ni ver a nadie, porque tengo que hacer deporte"...

  Entonces, desde mi punto de vista, lo que empieza por diversión, me suena completamente a obligación, tanto que los días que no va al gimnasio porque tiene que cumplir otras obligaciones se siente triste y culpable por haber faltado a su cita obligatoria...

  Me encanta la frase que se atribuye a San Francisco de Asís que dice: "Cada vez necesito menos cosas y las pocas que necesito, las necesito muy poco".

domingo, 5 de octubre de 2014

Cómo ayudar a alguien que está triste

Uno de los errores más comunes que solemos cometer cuando alguien está triste o preocupado por algo, es intentar rápidamente darle soluciones a su/s problema/s. Sin embargo, muchas veces esa no es la mejor manera de actuar.

Como hemos oído muchas veces, hoy en día casi nadie se escucha. Es muy raro encontrar a alguien para poder desahogarse a no ser que tengas una madre incondicional o una pareja comprometida. Pero con el resto del mundo, vamos tan rápido que en cuanto empezamos a contar algo que nos preocupa, rápidamente los otros ponen las alarmas y buscan respuestas rápidas que darte para "acabar con tus problemas".

Sin embargo, esa no es la solución ni es lo que se busca.

¿Cuál es el objetivo de las quejas?

Cuando alguien se está desahogando,  sea a través de una queja o no, lo que realmente está buscando es alguien que la escuche y que la diga que la entienda (por eso todos los post del blog dedicados a este objetivo). Pero es más, muchas veces no quieres que la ayuden o la den consejos.  En general, la mayoría de nosotros somos personal adultas que sabemos sacarnos bien las castañas del fuego.

Aunque en un momento dado un consejo o la opinión de otra persona puede hacer caer en la cuenta de algo que no habías pensado, en realidad lo que mejor viene, lo que más deseas es que alguien te escuche sin juzgarte.

Que alguien te permita hablar más tiempo del normal, sin dar opiniones, desde una escucha activa, esto es, viendo cómo te entiende,  intenta ponerse en tu lugar y se preocupa de lo qué te pasa, eso puede llenarte infinitamente más que el mejor consejo del mejor profesional. Porque al fin y al cabo, ¿quién sabe qué es lo mejor en cada situación?