domingo, 26 de abril de 2015

Las mujeres en el amor

 Dos mujeres, dos edades diferentes, dos vidas diferentes, generaciones muy distintas, dos países europeos y, sin embargo, la mismas vivencias con distintos comentarios. 

 Laura. Española. Más de 40 años. Un largo historial de personas que han pasado por su vida aportando felicidad durante breves períodos de tiempo. Casi nunca, la novia principal. En la mayoría de los casos, la amante. Feliz con su última historia amorosa en la que, de nuevo, es la amante. Esperando encontrar a ese hombre que la merezca.

 Marion. Francesa. Hace 4 años pasó los 20, edad en la que tuvo su primera relación importante. Varias relaciones también que han durado poco tiempo. A diferencia de Laura, era la principal pues no había otra pero en la mayoría de los casos, las relaciones eran catalogadas como "nos estamos conociendo", somo  "folla amigos", es decir, no somos novios pero hacemos como si lo fuéramos. Sin embargo, no nos comprometemos ya que yo soy joven y aún tengo que cumplir mi sueño y mi sueño está en otra calle, en otro barrio, en otro país, en otra lugar, en otra frontera y no puedes venir conmigo, y no puedo compartirlo contigo.




 Las dos comparten bellas historias acerca de la relación de sus padres. Si cierras los ojos y las escuchas no sabes si te está hablando una o la otra porque te cuentan la misma historia (con la única objeción de que además de distintos tonos de voz, está la bella diferencia que lo hagan en un diferente idioma). Sin embargo, es igual la forma en que lo expresan:

 "Yo he vivido en una casa donde mis padres llevan juntos más de 18/38 años juntos y aún hoy cada día cuando se sientan juntos en sus sillones a ver la tele, lo hacen cogidos de la mano. Sé que eso existe y sé que eso es lo que quiero para mi vida".

 La diferencia es que Laura, aún cree que lo puede conseguir. Que aún está tiempo. Que en cualquier momento vendrá ese hombre que sabrá valorarla y que la cojera de la mano para ver juntos la tele. Sin embargo, Marion cree que será difícil encontrar a alguien que además de luchar por conseguir sus sueños, quiera luchar a su lado para compartir una vida. Laura viene de una época en la que aún se luchaba por conseguir metas conjuntas, Marion de una sociedad que se ha vuelto egoísta y se prefiere el desarrollo profesional antes que el personal, retrasándose tanto la edad de encontrar parejas que algunas mujeres llegan tarde. 

 Laura nunca ha exigido nada a nadie. Siempre ha aceptado jugar al rol de la amante y si alguna persona ha jugado con ella, entonces ella le ha dejado. Con Marion sí que han jugado pues, a diferencia de Laura que sabía que siempre había otra, "la principal", Marion creía que tarde o temprano se convertiría en la principal. Por lo que, esperaba, esperaba y esperaba pensando que el otro, en vez de llamarla folla-amiga, un día la bautizaría como novia

 Relaciones que empiezan mal y mal acaban. Sentimiento de valía tocado. Dependencia de la decisión del otro. Pérdida de tiempo y de energía. 

lunes, 20 de abril de 2015

Los gatos locos

  Los felinos son los animales que más me gustan y, en particular, los gatos. Me encanta esa independencia que muestran, una amabilidad dosificada y respeto en general, aparte de su estética,. Nos gusta aquello en lo que cuando nos vemos reflejados, nos transmite nuestro reflejo de forma bella, por eso, me gusta más el reflejo que veo cuando me observo en un gato que un perro, su máximo competidor doméstico. 

  ¿Se pueden comparar las personas con los gatos? Obviamente, no. Cómicamente me gusta comparar las reacciones que tienen algunas personas con sus "parejas" o "líos", con la forma de ser de mis gatos. He tenido dos gatos: Fluping y Lacitos. Ellos me recuerdan dos tipos de personalidades en las relaciones: los flupines y los lacitos. Por goleada, ganan los lacitos. 

¿Cómo eran Fluping y Lacitos?

  Lacitos fue mi primer gato. En realidad, era una gata pero bueno, con esa edad en la que me la encontré, lo mismo daba. Lacitos estaba lo más lejano que se puede estar de ser un animal doméstico adorable. Aunque le salvamos la vida, él nunca nos trató como si hubiéramos sido su salvación. Lacitos, si se enfadaba, podía mantenerte encerrado durante horas en una habitación y era capaz de saltar a una gran altura si apoyabas tu mano en el marco de la puerta. No se veía un gato feliz. Siempre fue agresivo. Sólo se le podía tocar cuando estaba dormido o en celo. También, al final de su vida porque estaba malita y se dejaba cuidar o, quizás no le quedaba otra. No vivió ninguna aventura particular, exceptuando esos episodios de agresividad. 

  Fluping era todo lo contrario a Lacitos. Era adorable. De hecho, tan adorable que fue el primer que se atrevió a acercarse a Lacitos sin tener ningún problema. Se atrevió a dormir encima de él y quizás porque ya estaba vieja, se quedaron los dos acurrucados. A Fluping lo podías meter en un transporting sin problemas, cosa que nunca conseguimos con Lacitos, y así conoció distintas ciudades españoles, distintos jardines en los que jugar, distintos pisos que investigar. Aunque era bueno (si le llamabas, venía) y cariñoso (si llorabas, se tumbaba junto a ti y te chupaba las lágrimas), nunca fue pesado, siempre mantuvo la característica principal por la que más me gustan los gatos: la autosuficiencia. Era muy independiente y eso le llevó a vivir varias aventuras como sobrevivir días enteros fuera de casa e, incluso, tener una camada. Sabía buscarse bien la vida pero cuando le encontrábamos y lo metíamos de nuevo en casa, tras un baño caliente, venía a tumbarse entre nuestras piernas mientras veíamos la tele. 



Similitudes con las personas 

  Fluping y Lacitos me recuerdan a esos dos tipos de personas. Lacitos a esos que quieren hacer alarde de autosuficiencia e independencia y nunca se acercan, no son cariñosos, inclusive se pueden mostrar agresivos si te acercas. No obstante,  cualquier día cuando menos te lo esperas, te piden cariño porque están muy necesitados, lo que te provoca un efecto adictivo sobre su conducta. Personas de esas que nunca viven nada especial o lo especial que viven, lo fastidian porque siempre se muestran gruñonas, enfadadas, quejicas. Al fin y al cabo, personas atormentadas, gatos locos.  

  Sin embargo, los "flupines" que conozco son personas que están tan seguras que son autosuficientes y que no necesitan a nadie, que te quieren, te abrazan, te miman y te acompañan. No tienen miedo de compartir espacio porque saben que eso no les hace prisioneros, porque ellos tendrían el valor suficiente de en cualquier momento cambiar su rumbo. Viven aventuras y las disfrutan y, sobre todo, saben que el amor no va reñido con la libertad. 

domingo, 12 de abril de 2015

Cuando le duele que le ames

  Estaba a punto de acabarse el verano y con él se acababa su aventura londinense. Podría concluir que ese había sido el mejor y el peor verano de su vida. En realidad no era verdad, había vivido otros muchos veranos mucho más felices que ese y otros muchos más tristes. Sin embargo, era cierto que ese era el verano más intenso que a sus 29 años recordaba.

   Esa noche le quedaba lo más difícil: despedirse de él. Él era la persona que había llevado al límite sus emociones durante todo el verano. La persona que le había regalado muy buenos y dulces momentos pero que también le había hecho sacar lo peor de ella, una forma de ser que no recordaba desde que era adolescente. 

   Bajó en la parada de Manor House, en la misma parada donde siempre quedaban. Él trabajaba cerca y era el punto donde siempre se encontraban, especialmente porque ya habían tenido alguna que otra discusión por concretar el punto de quedada. Llegó una hora antes porque, aunque durante ese verano había perdido parte de la autoestima y seguridad que había ganado gracias a su estancia en Londres, el hecho de volver pronto a España le hacía sentirse más fuerte y segura y quería aprovechar para hacer sola algo que nunca había hecho. 

   Sabía que esa noche podría volver a repetirse uno de sus tantos enfados inoportunos e inesperados, tan inoportunos e inesperados que cada vez que pasaban, ella no tenía ni argumentos para defenderse porque cómo te vas a defender ante alguien que elige la queja como forma de ser y que interpreta todas tus infortunios como ataques personales hacia él. Personas así difícilmente valoran que la mayoría de las cosas que haces, las haces solo para que él se sienta bien. 

  Cuando salió del "tube" recuperó la cobertura del móvil. "¡Uy, uy, uy! ¡Cuántos wasaps!¡Mala señal! ¿Será David?, no tengo tantos amigos en Londres para que sea otra persona". Efectivamente, David uapi. Escribía: "no quiero que vengas, no te quiero ver, no te quiero despedir. He tenido un mal día y no me apetece. No es tu culpa. Lo siento pero vete". 

  Al ver que ella no le había contestado ante esos mensajes supo que posiblemente era porque vendría en el metro. Ante la no respuesta de ella había continuado: "¿no estarás viniendo verdad?? y, más tarde, "¿estás vinendo??Me da igual, que sepas que no te voy a ver. Si estás viniendo una hora antes, es tu problema". "Hoy he tenido un mal día y no quiero verte. Lo siento. Sé que es una putada para ti porque es tu último día aquí pero es lo que hay".

  Ella respiró profundamente. Respiro tranquila. En el fondo se lo esperaba. Había sido un verano muy intenso a su lado y la última noche no podía ser diferente. Algo tenía que pasar. Entonces, ella le dijo que lo aceptaba, que obviamente le gustaría vivir una última noche especial junto a él pero que si él no quería, pues que se acababa. Al fin y al cabo pronto vivirían en dos ciudades distintas de dos países diferentes. Pero de todas formas le dijo que no renunciaría a su idea de tomarse una última cerveza sola, sin compañía como había hecho muchas otras veces en otros bares. 

  Se fue al The Finsbury porque era un bar al que tenía muchas ganas de ir y, ya que no había contado con su compañía en todo el verano para tomarse una pinta allí, no quería perder la oportunidad de hacerlo sola. Así que tomaría la cerveza y cuando él, una hora después saliera, le apetecía recoger algunas cosas que le quedaban en la mochila y que ella no podía llevar hasta Valencia, pues que las recogiera. 


  En el fondo no quería irse sin decirle un último adiós, sin verle por última vez y, aunque ella esta vez había aceptado lo mejor que se puede aceptar, que la persona con la que has compartidos las noches de verano no quiera dormir contigo la última noche, sí que le llenaba la idea de verle por última vez.

  Así que un poco antes de las 22 pasó por el Finsbury. Ella le dijo que estaba en ese bar que siempre le había comentado a él que le gustaba, sin decirle el nombre. Él le chillaba por whatsapp (sí aunque parezca mentira se puede chillar por whatsapp ), que de qué bar hablaba, que él no recordaba nada. Lo que él intentaba con estas frases es demostrarle a ella que sus palabras, las palabras que ella le había dicho durante el verano, no eran importantes porque esa noche fue la única noche que David en vez de ir por la acera de la izquierda, la que es natural teniendo en cuenta que su casa estaba a la izquierda, iba por la de la derecha. O ¿quizás era porque iba a comprar al Sainbury's por lo que cambió de acera?. 

 Aún así le chillaba: "mira yo no sé donde está ese bar ni donde estás tú, así que dale a otro mis cosas que yo no he tenido un buen día y me voy". 

  Entonces, ella que ya lo había visto pasar mientras hablaban por whatsapp se bebió de un trago el último sorbo que le quedaba de su pinta y echó a correr detrás de él. ¡¡David, David!!! Él como si de un pavo real se tratará dio media vuelta, como si estuviera en un film de esos de cámara lenta que te lo ponen una y otra vez e hinchado le sonrió: "¿para qué corres?". Entonces, ella se acercó y se las dio. Le dio las gracias por el verano, se dio la media vuelta y se fue. 

domingo, 5 de abril de 2015

El efecto paradójico en las relaciones personales

  El efecto paradójico en Psicología es uno de los efectos más interesantes y traicioneros y, sin embargo, no se suele hablar de cómo afecta en la superación de los rechazos amorosos. 

  Estoy preparando un post en el que recordaré que no debemos de insistir en que no vamos a pensar en alguien, no debemos decirnos que no vamos a llamar a alguien o no vamos a contactar con alguien. No debemos de poner estas limitaciones porque cuanto más nos las ponemos, más nos apetece hacer lo contrario de lo que hemos manifestado. 

 ¿Podría ser éste uno de los mayores hándicaps que nos perjudican a la hora de superar el rechazo de las personas que ya no nos quieren? 

  Una cosa te pido: no pienses en un molino rosa. No pienses en un molino de color rosa, por favor. Te repito, no pienses en un molino que sea de color rosa ¿me has entendido?. Y, ahora te pregunto, ¿en qué estás pensando?