martes, 25 de febrero de 2014

¿De quién es la culpa?


   - Entonces, ¿te enrollaste con otra mientras que      estabas con ella?

   - Sí. Le puse los cuernos porque no se portaba bien    conmigo.


   ¿Sorprende la respuesta? No se ponen los cuernos pues... porque te sientas atraído en un momento dado por otra persona que podría ser biológicamente natural, porque estés un poquito borracho o borracha y estés algo desorientado esa noche, porque quieras probar algo nuevo... ¡No! Pones los cuernos como ¿venganza? a la otra persona, por el daño que ésta te está haciendo. 

   No sé, pero se me ocurre que a lo mejor para que tu pareja te dejara de hacer daño, opciones más eficaces serían: una cortar con ella o, si crees que aún tiene solución, la segunda sería hablarlo. Pero creo que de poco te va a servir que le pongas los cuernos porque, como "cuernos" lleva implícito en su significado, es algo que, probablemente no se lo vas a decir porque entonces ya no serían cuernos y si se lo dices entonces, prosiblemente, si esa persona ya se portaba mal contigo, consigas que empiece a portarse bastante peor. 

   Muchas veces pienso: "Dime a quién culpas de tus problemas y te diré las inseguridades que muestras". Justificaciones varias de personas que no tienen el sentimiento de culpabilidad bien definido.
En nuestro camino nos encontramos con distintos tipos de personas. Sin embargo, existen pautas que se repiten entre distintas personas y la de "me comporté erróneamente porque él o ella se comportaba mal conmigo" es muy típica.

   Hace dos días conocí una nueva historia de la vida cotidiana que me encantó por lo que marca diferencia de muchas de las historias cotidianas que me rodean. Me pareció una historia de lucha y de responsabilidad en estos tiempos difíciles en los que hemos aprendido que si algo no nos gusta, lo mejor es deshacernos de ello. No obstante, el final de la historia no es un final "feliz". O, no lo es, en el sentido romántico feliz que nos venden las pelis americanas, como se suele decir. Sin embargo, la persona que me lo contó está completamente feliz. 

Historia de la vida cotidiana

  Una historia de dos profesionales de la enfermería que durante mucho tiempo estuvieron casados, compartiendo hospital y casa. Ella comenzó con un historial de depresión. En realidad, según me comentó era una historia que ya llevaba arrastrando desde antes de conocerse pero que nunca se había tratado bien. 

  Entonces, él intentó ayudarla por todos los medios. Incluso después de que ella tuviera un intento de suicidio que él descubrió a tiempo y que, por su experiencia profesional, supo reconocer rápidamente. Él estuvo durante años intentando animarla: la acompañaba al psiquiatría, le recordaba que tomara sus pastillas, le animaba ir al psicólogo pero ella nunca quiso, empezaba una sesión como mucho dos pero luego lo dejaba porque "le costaba mucho esfuerzo seguir las tareas que ésta le encomendaba", hablaba también con su familia para que la ayudaran, etc. 

¿Lo hizo por sentimiento de culpabilidad?

   Claramente me respondió: "No. Realmente lo hice porque la quería". En ningún momento se sentía responsable y menos culpable para hacer eso. Lo hizo porque estaba bien junto a ella, porque una vez se enamoró de ella porque la consideró una persona especial, porque habían compartido momentos maravillosos y porque creía que compartir más tiempo de su vida junto a ella tenía sentido. Por eso luchó mucho por esa relación. Algunos quizás concluirían que luchó demasiado, pues él estuvo a punto de caer en una depresión.

   Sin embargo, al final todo se acabó. Y de una manera algo sorprendente pues al final fue ella la que le dejó. Después ella se arrepintió, el la perdonó pero, al poco tiempo y viendo que aún ella seguía con su depresión, él pensó que ya no le quedaba más por hacer. Le propuso acabar con la relación y ella aceptó.

¿Cómo están después de tanto tiempo?

   Pues parece que esta fue la solución porque ahora él está muy feliz, disfrutando mucho de su soledad, evitando embarcarse en relaciones con nadie pues cree que ahora tiene una oportunidad única para pasárselo bien de una manera diferente a la que hizo todos estos años.

¿Y ella? 

   Pues aunque pueda parecer lo contrario ella también está genial. Al final fue al psicólogo y a través de la terapia y, por supuesto, a su esfuerzo por trabajar consigo misma, se dio cuenta que lo que le había pasado es que siempre había enlazado unas relaciones con otras y que nunca había dejado tiempo para estar con ella misma. Por eso, le repetían una y otra vez tantas depresiones, porque nunca se había enfrentado a lo que a ella más le asustaba: ELLA MISMA EN SOLEDAD. 

Al final...

   Así que tenemos un final, más típico de película belga o inglesa en que el final feliz es el más socialmente extraño en el que los dos acabaron cada uno por su lado.

   Cuando terminó de contarme la historia, le di la enhorabuena por su felicidad. ¡Contagiaba! Y entonces le hice una última pregunta por curiosidad: "¿ahora sois amigos?" 

martes, 18 de febrero de 2014

Alternativas a la tristeza: los pequeños gestos

   Creo que de todos los post de alternativas a la tristeza, es en este en el que se propone una "alternativa a la tristeza" que puede ser bastante fácil de conseguir. En este caso, lo que se necesita es más constancia para mantenerla que riesgo para ponerla en práctica. Al final del post, propondré un reto que hace un tiempo me puse a mi misma y que ha sido muy útil.


¿A qué me refiero con los pequeños gestos?



   A veces, cuando cerramos los ojos y nos imaginamos a nosotros mismos felices, pensamos en grandes cosas: estar tranquilamente en una playa con poca gente y el mar frente a nuestros pies, hacer un viaje a un lugar muy lejano y desconocido, ganar un premio o un reconocimiento formativo o laboral o para lo más románticos estar al lado de esa persona ideal...



   Sin embargo, la vida pasa y estas cosas o no llegan nunca o su duración en el tiempo es demasiado breve para depender únicamente de esto. Por eso, ya hace mucho que se afirma que la felicidad está en los pequeños gestos: una comida por cualquier excusa, un mensaje de alguien que hacia mucho tiempo con quien habías perdido el contacto, una quedada al mediodía que se prolonga hasta altas horas de la madrugada...



Pero ¿hay algún gesto que podamos hacer que nos hagan más feliz a nosotros y contagien felicidad a los demás?



   Y aquí un el experimento que puse en marcha: 

  Uno de los mitos más comúnes en España es que la clase funcionarial tiene muy mal carácter y que siempre te tratan muy mal. Me propuse demostrar que no era cierto, que los funcionarios eran personas de carne y hueso y que no eran robots como algunas personas los definen, personas con sentimientos que dependiendo de como tú les trates, así te tratarán.



El experimento



   Mi experimento consistió que cada vez que fuera a un organismo público (luego lo extendí a cualquier gestión: banco, supermercado, frutería, etc), tenía que sonreír mucho. Primero de todo decir buenos días o buenas tardes, dependiendo de la hora, y luego preguntarle al funcionario o la funcionaria si por favor, me podría ayudar con tal dificultad que yo tuviera. Todo esto con una gran sonrisa. Por supuesto, una sonrisa no fingida. No hace falta. Sale natural. 

    A veces, antes de empezar a hablar muchos de estos funcionarios tenían muy mala cara, incluso a algunos de ellos les había podido observar cómo trataban a la persona anterior a mi y de verdad que dudé el experimento fuera a funcionar.



   Puedo asegurar que funcionó en un 85% de los casos. Este porcentaje es un calculo aproximado porque aunque no lleve la cuenta exacta puedo asegurar que tengo la sensación que casi en todas las ocasiones el trato era de bueno a excelente. En los pocos, poquísimos casos que el trato fue un poco peor (nunca malo del todo) nunca coincidió con aquellos funcionarios o funcionarias que habían hablado de una forma peor al anterior. Esto me hace pensar que los funcionarios son personas humanas que también les influye el modo cómo les tratemos, que deben de soportar varios malos tratos de varias personas cada día en su trabajo y que están deseosos de gente que les traten como si fueran personas con emociones.



   Este experimento no lo hice con un objetivo sociológico jajaja si no por algo más egoísta y psicológico y es comprobar que me sentía mucho mejor cuando trataba a los de mi alrededor pensando más en sus sentimientos que en los míos propios. Es decir, independientemente de que a mi me apetezca sonreír o no, a los otros les voy a poner una buena cara. Tengo que decir que los resultados tenían un efecto claro sobre mi estado de ánimo, mejorando mi estado de ánimo en cualquiera de los casos.



¿Con qué gestos podemos crear mejores estados de ánimos en los demás y así influir positivamente en nuestro estado de ánimo?



   Pues ya más arriba en el experimento se ha puesto algún gesto que funciona como, por ejemplo, cuando vas a ser atendido por un profesional ya sea un funcionario, una camarera o tu dentista, especialmente por este último, intenta empezar con un buenos días, buenas tardes y una sonrisa. Pero existen 3 gestos en concreto muy interesantes que se ha comprobado fisiológicamente que cambian tu estado de ánimo y/o el estado de ánimo del que los recibe. 



1º Dar las gracias. 



   Dar las gracias cuando te ponen el plato, dar las gracias cuando te lo quitan de la mesa, dar las gracias al compañero de trabajo que te echa un cable en algo en lo que te habías aturullado, dar las gracias a ese que siempre está ahí y te ayuda, incluso dar las gracias a aquel amigo incondicional que te dice: "no hay por qué darlas". Siempre hay un por qué dar las gracias y es porque te sientes a gusto con el trato que te está dando esa persona, porque lo valoras y porque lo reconoces. Y el otro se siente satisfecho por el reconocimiento que la palabra gracias muestra a su trabajo. Si quieres saber más lo que supone dar las gracias particularmente en el ambiente laboral lee este artículo.



2º Dar abrazos



   Y si pueden ser, como afirma Elsa Punset, que estos duren de más de 6 segundos para que tengan un efecto químico en el cerebro tanto en el que da el abrazo como en el que lo recibe. Así que no lo dudes. Quedas con una persona que no ves desde hace tiempo, te encuentras con un amigo por la calle que hace mucho que no ves, entonces, no te cortes: "Abrazale y no le dejes escapar durante 6 segundos". Verás que sonrisa se le queda después. 



3º Decir cinco cosas positivas por una negativa. O quizás mejor pensar bien cómo dices eso negativo que quieres decir. 



   Hay veces que somos demasiados directos y agresivos cuando nos molesta algo de una persona. Muchas veces es porque lo vamos a acumulando durante mucho tiempo y cuando lo decimos lo decimos con tanta fuerza que el otro no sabe a qué viene tanto enfado. El psicólogo Richar Wiseman hizo un estudio con parejas y comprobó que aquellas que se mantenían casadas, a diferencia de las que se divorciaban era porque compensaban lo malo que decían al otro con comentarios positivos en una razón de 1 a 5. Así que fijaros cuantas cosas buenas tenemos que decir al otro para que un comentario negativo se equilibre.

   En los tres casos, como decía hay un cambio fisiológico, liberación de otras hormonas, otros neurotransmisores...



El reto 



   Os propongo el siguiente ejercicio:

   Durante una semana (no vale NO hacerlo el día que nos levantemos con el "pie torcido". Ese día quizás es el más fundamental para instaurar un hábito): Hincharos  de dar los buenos días hasta a ese vecino que nunca se los da y que tiene la cara más agria. Dar las gracias al carnicero, a la frutera, a vuestra pareja, a vuestros hijos, a los padres, a los amigos. No deis como natural que ellos hagan algo por nosotros. Si lo hacen es porque para ellos es importante veros feliz, por lo que dar las gracias. Sonreír, especialmente a los funcionarios, a la maestra de vuestros hijos y agradecer cualquier sugerencia que os proponga para mejorar el comportamiento de vuestro hijo. A ella el comportamiento de vuestro hijo le afecta a corto, medio plazo, a vosotros esa sugerencia a largo. Y cuando queráis expresar algo con lo que no estáis conforme hacerlo envuelto de 5 comentarios positivos



   Si os animáis hacerlo, me encantaría que me contaseis vuestros resultados. En mi caso, esos resultados aparte de mejorar mi conducta, me animaron a escribir este post :)))))







martes, 11 de febrero de 2014

Lo que tiene FEBRERO

   Me encanta el mes de febrero. Podría haber elegido cualquier otro mes, pero me encanta este. Y me encanta por muchos motivos. Porque hace frío y me gusta el frío; porque tiene menos días que cualquier otro mes y siempre me gustó lo especial; porque cada cuatro años, a diferencia de cualquier otro mes, tiene un día más y siempre me gustó lo raro; y sobretodo me encanta porque muchísima gente importante cumple años


   Y es, como lo que Isabel Allende dijo tras perder a su hija Paula: "una sólo tiene lo que da". Y no hay nada que produzca más alegría que dar amor, cariño, amistad, risas... a las personas que te quieren. Y por eso, especialmente, es por lo que me gusta febrero. 



   Porque este mes me dejó componerle a mi madre una canción para decirle "feliz cumpleaños". 



   Porque hace que tenga más presente a una gran amiga. Me hace ilusión esperar a las 12 de la noche para decirle feliz cumpleaños.



   Porque febrero recordó que les escribiera un mail a dos grandes personas que tuve la suerte de conocer gracias a este blog y a través de mail volvemos a saber que, aunque lejos, estamos cerca.



   Por todo esto, me encanta el mes de febrero porque siempre llena más regalar que te regalen y porque una sólo tiene lo que da. 



¡Feliz cumpleaños! (por orden): Antonio, Fe, Clara y Rosa. 



martes, 4 de febrero de 2014

¿Por qué se deja de creer en el amor?

   El otro día a mi amigo Samuel le pasó algo que intuía que tarde o temprano le pasaría. Se llevó una desilusión muy grande por amor. Tan grande que durante unos días estuvo a punto de aceptar que lo mejor era tirarlo todo por la borda, que lo mejor era asumir que este mundo que nos ha tocado vivir es una basura que no se puede confiar en la gente y que se vive mejor siendo malo que bueno.

   Por supuesto, esto sólo ha sido un estado de "locura" transitoria y Samuel vuelve a ser el mismo de siempre: luchador, enérgico, deseoso de cambiar el mundo y de hacer de este mundo un lugar mejor. No puedo dejar de estar contenta porque creo que en algún sentido he facilitado que este cambio se produjera más rápido de lo esperado. Definitivamente, entendía muy bien cómo se sentía Samuel. Y también sabía qué pautas sirven para dejar de sentirse peor. 

Pero ¿qué le ha pasado a Samuel??? ¿Por qué esta decepción tan grande??

   Sí, ya lo habréis imagino: alguien con el que había empezado una relación, le decepcionó. Al principio de la relación, mi amigo Samuel estaba más retraído ("no sé si me gusta", "no es mi estilo de chico", "no es lo que esperaba") y cuando finalmente confió en él y se abrió completamente a quererle, la otra parte dio un paso atrás y ahora decía que ya no estaba seguro si él era lo que esperaba. Empezó a afirmar que dudaba que verdaderamente Samuel le quisiera a él porque había tardado mucho en empezar a quererle y lo peor de todo es que cuando Samuel le dijo: "oye que de verdad te quiero", lo que se encontró fue una huida por parte del otro, un no querer hablar, un silencio doloroso y tantos kilómetros percibidos por parte de Samuel entre ellos como la contraseña más popular en nuestros días, 123456 kilómetros de distancia.

¿Qué es lo que pasó?

   Es muy frecuente ver en el inicio de la relaciones que los integrantes de la relación están desnivelados. Al principio, uno de los dos está muy entusiasmado ("qué alegría de haberte conocido", "eres lo mejor que me ha pasado desde hace mucho") y el otro -que normalmente suele coincidir con una trayectoria de muchos últimos y seguidos desengaños amorosos- suele estar más regazado, más incrédulo, más frío. Sin embargo, interiormente sí que van calando estos mensajes de "super amor" que le manda la otra parte. Y en muy poco tiempo esta parte piensa: "¿¿será él/ella??" "¿¿será esa persona que llevaba tanto tiempo esperando??" "¿será la persona que al fin me haga feliz?" y entonces deposita una serie de expectativas en la otra parte que raramente se cumplen, entre otras cosas porque nadie tiene que, ni puede, hacerte feliz. 

¿Qué es lo ha pasado internamente en la persona que al final acabará decepcionada?

   Pues que realmente esa persona practica algo muy común en los seres humanos: el autoengaño. Cuando tenemos una serie de decepciones amorosas seguidas, si no nos trabajamos bien, en el fondo seguimos mirando las relaciones desde la óptica de "he sufrido todo esto pero pronto encontraré al hombre/mujer de mi vida". Nunca desde la óptica de "no necesito a nadie para ser feliz porque sólo estoy bien, porque ya soy feliz con todo lo que tengo". Además, al tener expectativas tan altas sobre lo que la otra persona nos puede aportar, nos hacemos hipervigilantes en encontrar defectos y buscamos la mínima para que cualquier actitud de la otra persona que no nos cuadre, la convertimos en una muestra de "es como los otros".

¿Qué es lo que pasa en el que decepciona?

   Hay gente que parece una kamikace en las relaciones personales. Suelen coincidir con personas que suelen tener la capacidad de ponerse un gran escudo protector ante los desengaños amorosos. Por eso, estas personas no suelen medir el tono de las frases que utilizan para dirigirse al otro, no suelen tener en cuenta que lo que ellos prometen, queda marcado en el hipocampo de la otra parte y es directamente proporcional al sufrimiento que sentirá en el caso en que no pueda dar todo el amor que promete.

¿Por qué se deja de creer en el amor?

   Realmente, en este caso, se deja de creer por la gran desilusión que te llevas.

   Por un lado, la persona que promete no ha cumplido las expectativas que tú le habías marcado en tu inconsciente y que él/ella también había reforzado con todos sus comentarios. Ten en cuenta que en este punto tú tienes mucha responsabilidad y tienes las estrategias para reducir las expectativas que has puesto en la otra parte. Recuerda que tú ya lo tienes todo en ti para ser feliz y esa persona no es "la persona de tu vida". La persona de tu vida la encontrarás si te pones frente a un espejo.

   Por otro lado, y esto quizás es lo que más duele, la segunda desilusión que te llevas es cuando intentas pedirle explicaciones a la otra parte. De repente, esa persona que siempre estaba disponible, que te mandaba mensajes sorpresa a las 3 de la mañana para decirte que acababa de tener un sueño muy especial contigo, que daba gracias al mundo por haberte conocido, de repente, ya no contesta a nada (ni te contesta a los mensajes, ni quiere quedar contigo para aclarar las cosas, nada de nada). No te quiere dar explicaciones. 

Pero ¿por qué?

   Esa es una de las preguntas que más te harás: por qué hace eso, cómo puede ser una persona tan cruel, como me ha podido mentir de esta manera... Son muchos los pensamientos que vas a rumiar una y otra vez. Cómo te ha podido dejar "tirada" la persona más importante en tu vida (aunque sólo haya sido el más importante en las últimas semanas). Pero es que ese es el problema: ahí, en ese (alto) nivel, el de la persona más importante de tu vida, le has situado tú.

   Y la respuesta a estas preguntas ya se han dicho más arriba:

   Se han unido muchos factores.


- Por tu parte, la idealización que haces del amor. Como dice Rafael Santandreu, "probablemente seas una persona hiperromántica" que le da un valor demasiado alto al amor y por eso si el amor fracasa, no sólo lo consideras un fracaso sentimental, si no familiar, laboral, social, vital...

- Por su parte, otro factor es esa forma de
ser kamikaces que hablábamos antes. Hay personas que viven la vida muy intensamente pero que luego también son capaces de pasar a otra etapa de su vida de manera rápida, sin afrontar el dolor que le han podido causar porque para ellos es muy doloroso admitir que han hecho daño a alguien o admitir que lo han hecho mal, que se confundieron exagerando sus sentimientos. 

- Además, no te olvides que
cuánto más  pidas (más exijas) a una persona que te dé explicaciones, menos explicaciones te dará. Cuanto más nos exigen, aunque al principio pensemos que tiene razón, si no nos dejan elegir, la respuesta será no. Podrá situar una pantalla entre vosotros dos (además del caparazón que ya tiene) y todo lo que le pidas irá dirigido a esa pantalla, imposible de traspasar, sino que volverá como un boomerang hacia a ti en forma de mayor decepción, mayor dolor, mayor pérdida de la autoestima, porque no entiendes el por qué de esa negativa a dialogar y comprender por qué ha pasado esto.



¿Qué hacer?

   Es el trabajo que hemos hablado en otros post anteriores. 

- Dejarle ir. Convencerte que no lo necesitas para nada. Convencerte que tú ya estás bien que lo tienes todo para ser feliz. Que mucha gente pasará por tu vida, te amarán intensamente y con la misma intensidad dejarán de estar en tus vidas. Porque la vida es esto. No es más. Y como decía un gran especialista en la mente humana, Viktor Frankl, "en realidad, no importa que no esperemos nada de la vida, sino que la vida espere algo de nosotros"  a lo que añado que en realidad no importa lo tú esperes de la vida. Lo que importa es lo que la vida espera de ti. La vida te está exigiendo una actitud valiente y madura. 
Anteponer la elección de otro ante tus intereses personales, ante tu "yo".

 ¿Eres capaz de aceptarlo?