viernes, 7 de junio de 2013

Mi madre: "la forastera"

Le ponen un nombre folclórico lo cual creo que le determinó la vida, no porque se hiciera cantante de coplas, si no porque esa fuerza y gracia que tienen las folclóricas, a ella le han servido para conseguir todos los sueños que se ha propuesto. Se lo dedico justo hoy porque justo hace 4 meses el día 7 de febrero de 1953 nacía.

A mi madre no le importa que escriba su año de nacimiento puesto que es la única mujer que conozco que en vez de quitarse años cuando le preguntan la edad, se los pone. Y yo que siempre he tenido muy buena memoria para las edades cada vez que lo hacía, le decía “¿por qué mientes?” y ella me decía, "no miento sólo me echo más años. Quitarse años sí que es una tontería". En realidad, ella está muy acostumbrada que todo el mundo piense que tiene menos años, no porque ella se echara unos años de más, sino porque siempre ha parecido más joven de lo que es. Desde los 32 años que es cuando la conozco (o desde que tengo memoria de ella más bien) le pasa esto. Y cada vez menos años le echan respecto a los que tiene.

La historia de la relación con mi madre no ha sido perfecta (como todas las relaciones). Tiene muchos altibajos que siempre hemos sabido solucionar: verdaderamente, que siempre ha sabido solucionar ella porque si hubiera sido por mí a lo mejor estábamos peleadas. Soy innecesariamente cabezona.

Su historia muy parecida a la de otras mujeres de su edad, es la historia de una niña que deja el cole para ponerse a trabajar, en su caso, en una tienda de muñecas y como era tan tan pequeña, aprovechaba para jugar con ellas cuando su jefe no estaba delante. Si alguna vez la reñían, respondía convincentemente que las estaba probando para así saber enseñársela mejor a la clientela.

Mi madre era tan buena dependienta que muy pronto la cambiaron a la otro tienda, donde ya vendía género para personas mayores. Este “ascenso”, a ella le dio mucha pena pues tenía poco más de 14 años y ya no podría volver a jugar con las muñecas ¿Qué tipo de género vendería? Pues de esos artículos que cuando las relaciones sentimentales se ponen serias, se regalan para poner de adorno en las nuevas casas.

Pronto llegó a convertirse en la dependienta principal. Si en vez de trabajar en una tienda sin convenio, hubiera trabajado en Zara, la podríamos haber llamado la encargada. Y esa tienda en la que trabajaba, que ya era muy conocida en la ciudad, se hizo más y más famosa en parte gracias a su presencia.

Tanto que cuando a mi padre deciden trasladarle a otra ciudad de España, el jefe de mi madre utiliza todos sus influyentes contactos para ofrecer a mi padre un contrato en otra empresa y así no tuvieran que dejar la ciudad. Mi padre que también es innecesariamente cabezón, no acepta y entonces y, a pesar de la pena, se trasladan.

Una vez en esta nueva ciudad empieza a trabajar dentro del hogar como actividad única. Pero los días tienen 24 horas y a ella con esta única actividad le sobra tiempo de estas 24. Además, se aburre bastante y sobretodo echa de menos el contacto con la gente. Así que decide poner una tienda, a pequeña escala, en una ciudad que ni siquiera conoce: ¡qué miedo!, ¿no?. En la primera de ellas (luego vendrían más) paga las consecuencias de ese desconocimiento. Pone la tienda dentro de un centro comercial, en una época que no se llevaban los centros comerciales y no tiene mucho éxito. Además, el tipo de artículo que escoge no es el más adecuado para la ciudad desconocida a la que se enfrenta. A pesar de esto, tiene las suficientes ventas y la confianza necesaria como para poder darse cuenta que quizás en otro local y con otro género diferente la cosa iría mejor

Por lo que se traslada a un local que, antes y después de que ella se pusiera, todos los negocios que han puesto no han superado los temibles dos primeros años. Ella duró mucho más de ese tiempo y si decidió cambiar a otro fue porque el local se le quedó pequeño.

Entonces pasó a una tercera tienda. Y esta parte es la más interesante. Pues hasta ahora ella había sido una “persona que pone una tienda de barrio”. Pero a partir de ese momento empieza a ser una “mujer que se está entrometiendo en un mundo que hasta ese momento estaba controlado por hombres en la ciudad”. Entonces, esos hombres de las otras tiendas, van a saludarla de una manera no del todo agradable, diciendo que a qué está jugando y si ella tiene idea en lo que se mete. Sí que tenía idea: llevaba mucho tiempo sin comprarse ropa nueva, sin vacaciones o sin salir a cenar para no saberlo. Cuando no tienes un respaldo económico o familiar para montar un negocio, aprendes rápido en lo que te metes.

 Por eso, poco a poco esos hombres, sí que descubren que sabe a lo que juega: lo notan cuando empiezan a bajar sus ventas y a ver esta nueva tienda de la forasteracon clientela. 

En esos años, empieza a ponerse en marchas iniciativas en la ciudad como los centros comerciales abiertos para intentar luchar con la fuerte competencia que hacen los cerrados. Y entonces a ella le piden participar. Y, de nuevo, no es fácil. Vuelve a ser un mundo de hombres y/o de relacionados y ella, aunque ya lleva muchos años en la ciudad, ni es hombre ni pertenece a ninguna de esas familias con solera que hay en cada ciudad. Es una mujer desconocida, excepto para su clientela. Así que al principio se tiene que enfrentar con las típicas risitas de "está quién se cree" "pero está de qué habla" "pero vete a tu casa a hacer las tareas del hogar" (tareas que tengo que decir NUNCA dejó de hacer porque parece ser que las 24 horas de mis días no son las mismas 24 horas de sus días y a ella le daba tiempo de trabajar, hacer las tareas de casa y lo mejor de todo, escucharme una y otra vez todas las historias que yo que soy muy pesada -se nota con este blog  ¿no?- le tenía que contar). 

Sus ideas calaron muy bien en el centro comercial tanto que ahora que ella ya no está dentro (pues, tras una cuarta tienda, decidió que ya era hora de retirarse para hacer otras cosas) aún se sigue poniendo la pista de hielo en la  ciudad en el invierno o se sigue haciendo un sorteo durante la primavera.  


Yo que ahora tengo la edad de mi madre cuando la conocí, puedo decir que no sé cómo ha conseguido hacer todo lo que ha hecho, especialmente, con tan poco ayuda. Podría contar más cosas de ella, porque si esto puede parecer difícil, no es nada comparado con lo que tuvo que afrontar después de que decidiera dejar las tiendas y vivir la vida. Justamente, cuando decidió que ya era hora de dejar de tanto trabajar y que ya le toca vivir y aprovechar las 24 horas en viajar o ir a cenar, entonces, en eso momento, el destino, ese que no se puede controlar, casi le deja fuera y le impide poder disfrutar de estas otras historias.