viernes, 29 de marzo de 2013

Relaciones paradójicas

    Entonces, después de mucho conversar, ella le dijo a él: “No, no me dejes, por favor”.
   Y, en ese momento, todas sus dudas se aclararon  y decidió dejarla para siempre.

miércoles, 27 de marzo de 2013

La importancia de decir "te entiendo" (five)


Conozco la situación. A una amiga mía también le pasó. Habían sido los mejores amigos durante muchos años. De hecho, cuando se conocieron ella tenía novio y el amigo siempre prefería estar con ella, a estar con su novio. Al novio no le importaba porque confiaba en ellos y comprendía que ellos dos se llevaban mejor, tenían más en común. Y bastante tiempo después de que ella y su novio rompieran la relación, los mejores amigos empezaron a salir.

La gente se puso muy contenta. Hasta el novio (ahora ex-novio) se alegró mucho y reía: “sois la mejor pareja: siempre habéis sido los mejores amigos y ahora encima os podéis hinchar”. El ex-novio siempre fue así de espontáneo. Pero no sólo éste pronosticaba el éxito de la relación, sino que el éxito era el pronóstico generalizado. Nadie podía dudar de lo contrario.

 Sin embargo, todo el mundo se equivocó. Nada más lejos de la realidad. Aquellas malas costumbres, malos hábitos que él tenía antes de que fueran pareja se generalizaron y se multiplicaron, con el problema añadido de que ya no tenía a su mejor amiga para ayudarle. O más bien, ya no tenía a su mejor amiga para distraerle, “reírle las gracias” y hablar de otros temas que para él eran los únicos temas que se podían tocar. Lo demás: el trabajo, las tareas de la casa, las vacaciones juntos… eran demasiado para que él los pudiera soportar. Demasiado baño de realidad.

No es que ella le pidiera nada más allá de lo que le pides a una pareja. Ella no quería que él fuera el mejor en nada: le admiraba tal y como era. Sólo quería estar con él como pareja. Pero, sin embargo, él se sentía mal. Se sentía muy poco al lado de ella, muy pequeño. Tan pequeño, que para ser grande lo que hacía era gritarla. O lo que es peor: desvalorarla (algo que jamás había hecho como amigos). Tanto que, a veces, hasta se reía de ella.

Es que en la vida, especialmente a los hombres, se les impone que han de ser el mejor (el mejor profesional, el mejor artista, el mejor amante), sin explicarles qué significa ser el mejor o cómo se es el mejor. Sólo se puede ser el mejor y todo lo que no sea ser el mejor, es fracasar. Y por ahora, pocas veces el criterio que se enseña de ser el mejor coincide con el de ser mejor persona. Ellos no tienen derecho a ser personas, porque las personas tienen miedos y ellos no pueden tenerlos.

Al final pasó lo que tenía que pasar. Otro final era inevitable. Y eso que ella luchó por él más de lo que hubiera debido. Lo último que hizo fue cambiar de un trabajo muy bien pagado a otro no tanto, para así poder estar más tiempo con él y apoyarle para conseguir sus sueños. Y, en cuanto ella hizo este último acto de amor, él la despreció y entonces cortaron. Tampoco nadie nos enseñó cómo se podría haber evitado o superado.

Ella durante meses quiso estar muerta. Y más muerta quería estar cada vez que salía y veía que él ni siquiera se acercaba a saludarla. Los mejores amigos pasaron a ser dos “extraños  educados” como él la pidió y estas palabras enviadas a través de un “wasap” resonaron como las palabras más amargas que ella podía haber escuchado de la persona a la que le había confiado los máximos secretos, porque estas palabras le mostraron que no solo no la quería, sino que era capaz de tratarla con la máxima indiferencia.

Ahora era ella la que ya no tenía a su mejor amigo para decirle que la persona que más había amado le estaba haciendo el mayor daño que ella había sido capaz de sentir en su vida.

Por suerte, todo llega y todo pasa. Y esto también pasó. Pero no pasó tan rápido como lo que yo he tardado de pasar de un párrafo a otro. Fue un proceso muy doloroso, de buscar apoyos, de estar en soledad, de psicólogos, de alguna píldora y muchos porros para conciliar las pocas horas de sueño. Y después de tanto dolor, de esos apoyos, de estar muy sola, de luchar con pensamientos, tomar pastillas y de muchos aros de humo, de nuevo, volvió a sonreír y un día me dijo: “Te entiendo. Sé muy bien por lo que estás pasando. No es que quieras suicidarte, es que preferirías estar muerta. Yo también lo quise estar. Pero fíjate ahora después de los años te digo: quiero vivir porque tengo muchos proyectos por hacer y necesito tiempo para realizarlos. Y si alguien se tiene que morir, que la muerte empiece primero por otros”.

Y entonces, vio que ella hablaba desde su experiencia.

domingo, 24 de marzo de 2013

Alternativas a la tristeza: hacer actividades "alone"

Hace tiempo una amiga que es algo mayor que yo me insistía en la importancia de hacer actividades en solitario. Ella me lo justificaba porque, a veces, no encuentra personas que les guste o que quieran hacer las mismas actividades que a ella le gustan y porque pensaba que es ridículo no hacer una cosa que te apetezca sólo porque no encuentres a nadie con quien hacerlo. De hecho, en su caso hay actividades que le gusta hacer sóla por elección como, por ejemplo, ir al cine.

La mayor parte de mi vida la he vivido en ciudades pequeñas por lo que he escuchado muchas veces la frase de "ayyyyyy qué penaaaaa, ¡¿qué ha venido sólo/a?!" "¿no tendrá amigos?" haciendo referencia a alguna persona que estaba sola en el cine. Pero es que también esto se lo he escuchado a gente de otras ciudades mucho más grandes que en las que yo he vívido.

Ir sola al cine, a conciertos, a un bar...es una gran manera de sentirse a gusto con uno mismo. No hay ninguna relación entre hacer alguna de estas actividades EN SOLITARIO y estar SOLO en el mundo. De hecho, la mayoría de la gente que hace este tipo de cosas, es gente que suele tener un círculo de amigos más fuerte que la media, no sólo porque tenga mayor número de amigos, si no más importante aún porque tiene gente cercana en la que "sostenerse" y con la que puede contar.

Cuando haces este tipo de actividades solo, y más después de una ruptura amorosa, la autoestima sube como la espuma. Por dos cosas:

- Primero, porque evitas la frustración que provoca no haber hecho algo que querías. Imagínate que te apetece hacer ese viaje con el que llevas mucho tiempo soñando y que nadie quiere o puede hacerlo contigo, porque no es fácil encontrar a compañeros de viaje en un momento dado. De repente, haces ese viaje (aunque sea dentro de un tour) y estás en una ciudad nueva, conoces gente nueva, descubres que todavía tienes capacidad para relacionarte con otra gente...
- Segundo, porque es la mejor exposición para que se te quiten los miedos. No es lo mismo estar solo, que "elegir estar solo". Elegir estar solo te da una seguridad, una confianza, imposible de explicar si no lo has vívido.

¿Cuántas veces te ha pasado estar en tu ciudad, ciudad en la que no puedes ni ir a hacer la compra sin darle los buenos días a alguien, y te has sentido terriblemente sólo? A mi, algunas. Ese sentimiento de soledad sí que es negativo: sabes que a pocos metros o kilómetros de distancia tienes muchos amigos, pero no encuentras a ninguno para ir a ese concierto que te encanta, para dar un paseo con la bici o para ver la última de los Coen. Entonces, tienes dos opciones: o no haces la actividad que te gustaría y te quedas en tu casa, martirizándote por que estás sólo y dándote pena a ti mismo por no tener una pareja, o de repente, te pones "tus mejores galas", te coges tu bici y te vas a dar esa vuelta que tanto te apetece. Verás la de sorpresas que te deparan.

Además, ¿no os parece interesante una persona que es capaz de estar a gusto consigo misma, además de en compañía, también estando sola?

martes, 19 de marzo de 2013

Historias de viajes


Los vi una noche cuando se subieron al autobús. Se montaron dos paradas después de la nuestra. Me llamó la atención el gorro que cada uno llevaba puesto: él a un estilo ruso, perfectamente prevenido para el frío; ella al estilo francés, ese estilo que a muy pocas personas les sienta bien. Sin embargo, en ella era el complemento perfecto que terminaba de resaltar su elegancia.

No sólo me llamó la atención los gorros. Creo que nunca me hubiera fijado en los gorros, si no hubiera sido por la alegría que arrojaban. Eran de estas parejas que se nota que son felices, que están encantadas de estar juntos.

En esta ciudad es raro ver a gente de su edad a esas horas montada en el autobús, pero cuando les vi a ellos ni caí en esto. Hice un cálculo mental rápido. Deduje que tendrían alrededor de unos 65 años.

Mi madre, en ese momento, iba distraída puesto que era impensable que nadie que fuera en ese autobús no se hubiera fijado en esa pareja mayor tan elegante y tan feliz. Entonces le comenté:

-          ¿Has visto a esa pareja que acaba de entrar?

-          ¿A quién?

-          A los señores del gorrito – mi madre siempre me ha enseñado que es de buena educación tratar a la gente de “señor”.

-          No, no me había fijado.

-          Van súper elegantes. Les sienta tan bien el gorro… Además, desprenden felicidad… Se nota que lo son. ¿Serán pareja?

Entonces, la mujer giró la cabeza y mi madre dio un sobresalto de alegría: ¡Pero si es la madre de Marilines)!- casi gritó. En ese momento, nos acercamos a saludarla y, así pude descubrir una bella historia de vida cotidiana:

                Ella, la madre, que podía presumir de tener una sonrisa espléndida y contagiosa, había perdido a su hija unos años atrás, debido a esa enfermedad que tantas sonrisas ha robado pero que también tantos héroes y heroínas ha realzado. Al poco tiempo de que su hija falleciera, murió su marido lo que habían sido “dos golpes muy gordos demasiado cercanos en el tiempo”. Después de contar alguna anécdota de cuando ella y mi madre iban al colegio juntas (ahí comprendí que me había equivocado al calcular su edad), pronto nos dijo muy orgullosa que tenía 79 años, a punto de cumplir los 80.

                Él también era bastante mayor de la edad que había supuesto pero más joven que ella. Tenía 75 años y una historia de vida similar. Aunque también había perdido un hijo cuando éste era un bebé por la “falta de medios de esos tiempos” lo peor para él, según nos dijo, había sido la pérdida de su mujer. Ésta había fallecido diez años atrás por la misma enfermedad de la elegante señora del sombrero francés. Según nos contó, había sido una enfermedad larga pero “muy buena” hasta el final. Todavía se podía percibir el amor que había tenido a su primera mujer y se le notaba muy orgulloso de los años que había pasado a su lado, especialmente de los años en los que la había cuidado.

Y fue la enfermedad la que los unió. Después del fallecimiento de sus familiares, ambos continuaron colaborando en la asociación que ellos sentían que tanto les había ayudado y un día participando en una actividad para la búsqueda de recursos económicos para la investigación, coincidieron en el mismo grupo de voluntarios y a partir de ahí ya no se separaron. Primero, participando en todas las actividades que la asociación organizaba (de hecho, les nombraron los voluntarios más activos), para después compartir otro tipo de actividades más lúdicas, al principio en compañía: iban al baile, a jugar a las cartas, a los viajes de la parroquia... Luego otras más solitarias: el parque, tomar un chocolate con churros, un helado de Regma…

Conforme nos contaban su historia de amor, historia ante la cual no podíamos ni interrumpirles por lo interesante que era, a cada palabra que decían más se regocijaban en la gratitud de haberse encontrado. A pesar de esto, también se notaba un cierto grado de culpabilidad por la capacidad de sentir amor después de haber dejado atrás mucha gente importante en su camino. Pero se sentían tan dichosos de haberse encontrado a esa edad que muchos piensan y se atreven a decir que lo único que queda es esperar a la innombrable. Felices de amar y ser amado.

Pronto, él avisó que iban a llegar a su parada: ¡Qué pena! Les hubiera hecho tantas preguntas- pensé. Entonces, él se despidió y se fue hacia la puerta. Y ella aprovechó para confesarnos que todos estos años, la visita semanal al cementerio, típica entre la gente más mayor, se les había hecho más llevadera, al hacerla en compañía del otro,  y delante de cada tumba, con un simple gesto, un apretón mutuo muy fuerte de las manos con los dedos entrelazos, se decían: ¡la vida me quitó y luego me dio, cuando parecía que ya nada me iba a sorprender, un último regalo!

Como en ese momento, se nos saltaron las lágrimas, entonces Isabelita que, según mi madre, siempre había sido muy chistosa,  se percató y dijo: Y no veáis lo bien que nos lo pasamos ¡o es que se piensan que los viejos no tenemos derecho!

sábado, 16 de marzo de 2013

"Es inevitable compararse"


Cuando creé este blog, lo hice con la intención de “denunciar” alguno de los prejuicios que más frecuentemente se repiten una y otra vez entre la gente y que más daño nos hacen (y más frustraciones provocan). Hoy he escuchado una de estas frases, estos juicios que hacemos sin valorar el perjuicio que nos hacen este tipo de afirmaciones que, además, expresamos de un modo concluyente.

-   Es que no sé si tomé la decisión correcta. No sé si venirme aquí fue lo mejor. Está claro que yo quiero estar aquí porque estoy con él, pero si me hubiera quedado en mi ciudad ¿no hubiera sido mejor?

-   Pero tú también te viniste aquí para buscar trabajo, porque pensabas que aquí es viable encontrar trabajo “de lo tuyo” (odio esta expresión. Pido perdón por haberla utilizado. Como si sólo hubiera “una cosa tuya”).

-        Sí pero aquí es más complicado por el tema del idioma y tal. Sin experiencia… A lo mejor si me hubiera quedado allí algo hubiera encontrado. Y venirme aquí por él…

-  Pero las cosas allí están difíciles… Y esta ciudad es una buena opción.

-  Sí pero mis amigas muchas ya han encontrado. Si yo no me hubiera venido a lo mejor estaría ya como ellas.

-   ¿Cómo?

-  Pues trabajando, algunas con piso, otras se van a casar…

-       ¿Y crees que ellas están mejor?

-   No sé. Pero están allí.

-   Sí y tú aquí y estás con quien quieres, trabajando, conviviendo con él en vuestro piso… -en este momento sonríe pero rápidamente vuelve a su cara de duda-¿No crees que te haces daños al compararte con ellas?

-          Si me lo hago. Pero…

-   ¿Pero…?

-   Es inevitable compararse.

 Y esta persona no es una persona envidiosa como, lógica pero erróneamente, se podría pensar. Esta persona se alegra de corazón de los logros alcanzados por sus amigas o compañeras de carrera. Más bien, es un problema personal: duda de si el camino que ha elegido es el camino correcto. Y lo peor es que a la vez duda de sus capacidades: duda de que sea capaz de sacar adelante ese trabajo para el que tan intensamente se ha formado durante los años de universidad. Así que no es un problema de ciudad (exceptuando lo del idioma), sino que es algo más profundo y personal pero que viene motivado en parte por esas comparaciones odiosas desde que somos pequeñitos de qué es mejor o qué es peor y quién lo ha conseguido ya.

Y todas esas dudas la llevan a compararse con otras vidas que no son su vida y, por tanto, no tiene ninguna utilidad compararse. Ninguna vida es mejor o peor. Cada vida tiene su propia historia. Y las historias de vida tienen una gran aventura tras ella. Y ella, en el país que está, está viviendo una gran aventura. Esperemos que pronto se dé cuenta.

jueves, 14 de marzo de 2013

¿Cuánto duelen las decepciones?


Muchas veces no depende tanto del cuánto, sino del quién. Probablemente, las decepciones de amor sean de las más dolorosas porque su característica principal es que son incontrolables.

En general, el sentimiento de frustración que resulta cuando no conseguimos algo que esperábamos con mucha ilusión y esperanza (por ejemplo, ganar un partido, obtener un puesto de trabajo, salir en la actuación de fin de curso, etc.), lleva una decepción provocada por la desilusión de no obtener aquello en lo que habíamos puesto un gran esfuerzo, aquello por lo que habíamos apostado un “todo o nada”.

Además, este sentimiento de frustración es mucho mayor cuando estábamos seguros de que lo íbamos a conseguir, de que “ya era nuestro” y que eso que ya era nuestro, nos iba a mejorar nuestra vida o iba a proporcionarnos una gran felicidad.

Sin embargo, este tipo de decepciones pueden compensarse a largo plazo, siempre hay algo que puedes hacer, que puedes mejorar o simplemente no hace falta ni mejorar, sencillamente lo que hace falta es que se vuelvan a dar las condiciones oportunas para que tú puedas volver a probar que eres capaz de conseguirlo ó que eres “el candidato para ese puesto”.

Pero cuando las personas que te provocan esta decepción es la persona con la que has estado compartiendo parte de tu vida o aquella persona que hasta hace poco era la más importante de tu vida, y te tenía un especial cariño y reconocimiento, entonces, es difícil sobreponerte a esto. Sobretodo porque hasta hacia poco compartías con ella tus sueños y ahora que ella se había convertido en un sueño cumplido, cambia de opinión (como dicen los ingleses change his/her mind) y de repente te quita todo lo que habíais conseguido y ya ni siquiera puedes contar con ella para decirle que estás mal porque ahora ella es la razón.

Suele ser bastante el tiempo que tarda la recuperación. Y además de lenta suele ser dolorosa. Al mismo tiempo, estas decepciones provocan un sentimiento de generalización que hace muy complicado que puedas reconstruir tu vida fácilmente: “para que voy a volver a confiar, para que me voy a volver a enamorar si al final siempre acaba igual” son de las frases que más se repiten. Por lo que el sentimiento de desesperanza es muy grande y la indefensión muy dolorosa.

Que el tiempo de recuperación sea largo, se debe a que la solución no depende de ti. No es como si estás optando a un puesto de trabajo específico y te exigen  hacer un máster específico para completar tu formación. En este caso, sabes que si haces ese máster, aunque no te aseguras el puesto de trabajo, las probabilidades aumentan considerablemente. Pero en el amor: ¿qué formación puedes adquirir para que esa persona se fije en ti? ¿Qué más puedes hacer para gustarle?

Es doloroso pero cuando lo que queremos conseguir, no depende sólo de nosotros mismos sino que depende de otros, en general no hay nada que podamos hacer. O más bien si hay algo que podemos hacer pero es tan difícil que cuesta mucho: tener paciencia, mucha paciencia, pues no se puede perder la ilusión de que algo bueno está por llegar.  

domingo, 10 de marzo de 2013

Las decepciones

  Las decepciones duelen mucho más cuando lo que se hace, ya sea el trabajo, un hobby, el voluntariado, un deporte, una actividad política, se hace por vocación. En estas decepciones siempre están implicadas otra/s persona/s: el cantante de tu grupo, un alumno conflictivo, tu entrenador, el secretario general de...

  De repente, hay un desencuentro con esa/s persona/s y ¡qué mal se pasa!. En ese momento te replanteas si todo lo que has hecho, todo lo que has luchado, las horas que has pasado tocando sólo la batería en tu local de ensayo para llegar al nivel que quiere tu cantante, las horas pasadas prepándote bien las clases para que disfrutara todo tu alumnado, el esfuerzo en los entrenamientos, todas las ideas creadas para que tu organización mejore, ha servido para algo...  Entonces, llega la decepción.

  Una de las primeras preguntas (inevitables) que te haces es: ¿ha merecido la pena?, que normalmente viene acompañada de un ¿para qué sirve luchar tanto?

  Y es que parece que es proporcional: a mayor ilusión puesta, mayor decepción. Y quizás también sea proporcional el tiempo de recuperación, el tiempo que tardas en volver a poner la ilusión que antes le pusiste. Incluso, a veces, puedes tener miedo y creer que la ilusión ha desaparecido de tu vida y que nunca más te vas a ilusionar, que nunca más vas a implicarte tanto en nada. Pero tarde o temprano lo haces, porque te encanta implicarte en aquello en lo que crees.

  Y es que todo lo que hiciste mereció la pena porque ahora tocas la batería mucho mejor, porque todas las clases que te preparaste las puedes volver a utilizar para que otro alumnado posterior disfrute, porque todos los entrenamientos te mejoraron como deportista y te dieron hábitos muy útiles para tu día a día y porque todas las ideas que te inventaste en tu organización ahí quedaron y sirvieron para que, al menos, durante ese tiempo, esa organización mejorara y seguro que algo de ti ha quedado impregnado en ella.
 
Seguro que el hecho de que tu pasarás por ahí, mereció la pena.

viernes, 8 de marzo de 2013

Dolly Parton en música

Empezaré este ciclo de 7 mujeres destacadas con Dolly Parton. Una mujer que no ha sido tan conocida en nuestro país como en los países de habla anglosajona pero que es un hito en la historia de la música.  Dolly Parton no sólo es una mujer reconocida dentro de la música, si no que además de compositora ha sido escritora, actriz, productora, empresaria y una mujer solidaria dedicando parte de sus ganancias a distintas causas benéficas. 

La infancia de Dolly Parton, proveniente de una familia muy humilde con una cantidad increíble de hermanos (12 en total), engrandece la vida de la cantante. Dolly tiene la capacidad de convertir sus experiencias vitales en hits musicales. Su disco Coat of many colors es una muestra. Su título es un homenaje a su madre y como ésta le cosió un chaquetón para el frío a partir de muchos retales. Ella se sentía la niña más afortunada con ese chaqueta de muchos colores. 





Dolly hizo muchas canciones de éxito y parece que contagiaba éxito. Así una de sus canciones "I will always love you"  en la voz de Whitney Houston como tema principal de la banda sonora del Guardaespaldas se convirtió en el hit más vendido por una cantante femenida. Es curioso porque Elvis Presley intentó quedarse anteriormente con esta canción, pero debido a que el trato con el representante de este sería de ceder a Elvis más de la mitad de los derechos, hizo que  Dolly se negara. No obstante, este tema fue suficientemente conocido, primero, en la voz de Dolly y, posteriormente, en la de Whitney Houston.

Esta canción, en realidad, es una canción que le dedica a su mentor Wagoner con el que trabajo muchos años pero del que se decide separar para proyectar su carrera en solitario. A pesar de esta dedicatoria, estuvieron inmersos en un pleito judicial del que Parton salió victoriosa. En el 2007, Wagoner fallece de un cáncer de pulmón. Parton le acompañó en sus últimos días. 

También, compartió portada de disco con otras grandes estrellas femeninas (Linda Ronstadt y Emmylou Harris) con las que consiguieron un gran éxito de ventas y un Grammy, entre otros. 





En 2011, Nina Patterson la conocida cantante del grupo de los Cardigans, junto a otras cuatro cantantes de la ciudad de Malmo hicieron un documental llamado "Soy mi propia Dolly Parton". Tengo que confesar que ella iba a ser la primera escogida para este listado de 7 pero cuando empecé a buscar sobre su vida vi que la de Parton cumplía más el objetivo de estos post "mujeres que creyeron en la mentalidad de la abundancia a pesar de las adversidades".  En cualquier caso, también es admirable Nina Patteron  por haber sido la líder femenina de una de las más grandes bandas de rock que le han llevado a colaborar con otras grandes bandas y músicos del momento y porque ha sido capaz de superar con valentía su diagnóstico de cáncer. 

Existen otras muchas curiosidades de su vida como es que es por ella que la oveja Dolly se llama así o acerca de su vida personal.

En definitiva, Dolly Parton dice en su canción "Coat of many colors":

"That one is only poor                                       " Uno sólo es pobre
Only if they choose to be                                   Sólo si uno escoge serlo      
Now I know we had no money                          Ahora sé que no teníamos dinero
But I was rich as I could be"                              Pero que era todo lo rica que podía ser"


Su madre no sólo le regala a Dolly un bonito chaquetón protector contra el frío, sino una actitud protectora ante la vida, una mentalidad que ella cultiva a lo largo de su vida. 


Dolly Parton nació en una familia pobre, creyó en sus posibilidades, tuvo un sueño, luchó por él, contagió a otras mujeres de su sueño haciendo que alcanzaran un gran éxito y a través de la solidaridad devolvió al mundo parte de ese amor recibido.

Feliz VIERNES 8 de marzo

jueves, 7 de marzo de 2013

La importancia de decir "te entiendo" (four)

- Si es que soy tonta. Al final me ha llamado y me ha propuesto que nos vayamos a pasar fuera las vacaciones.
- ¿Y tú qué le has dicho?
- ¡Por supuesto que síiiii! -dijo la "amiga enamorada"-. ¡Que lo vamos a pasar genial!. Con lo pesada que he sido contigo.
- Sé que es muy difícil dejar de preocuparse, pero es que él te respeta. Te respeta: mucho, mucho, mucho.
- Y hacia tiempo que nadie me respetaba tanto...
- Que aún tienes el miedo en el cuerpo...
- Que aún tengo MUCHO miedo en el cuerpo.

sábado, 2 de marzo de 2013

Cosas que puedes ver en el metro

Me encantan las ciudades grandes por la posibilidad de independencia que ofrecen. Hay mucha gente que llamaría a esta independencia, soledad, pero en mi caso, observo esta situación con una connotación positiva.

El hecho de que "nadie te mire", proporciona más libertad para hacer lo que quieras. Y uno de los sitios en los que más se observa es en el metro. Son muchas las horas que los habitantes de las grandes ciudades se pasan en el metro y, por supuesto, esas horas no se pueden desaprovechar. Además de poder mantener una conversación familiar, leer el periódico, los móviles (con su facebook, su whatsapp, su line, la música, responder emails del trabajo, de amor...), los libros electrónicos...también, se practican muchos hobbies tradicionales. Por eso, puedes ver a muchas mujeres haciendo punto. Entre estación y estación ves cómo va quedando un calentito jersey o una útil bufanda.

Pero quizás, lo que más me sorprenda es la capacidad de respeto que tiene la gente. De repente, en esas horas puntas en las que no hace falta que te sujetes a la barra para agarrarte, puesto que te sujetas por defecto con los cuerpos del resto de las personas con las que compartes vagón, se para el tren. Eso sí, rápidamente el informador te pide disculpas e informándote de que ese tren va con retraso. Y entonces, todo el mundo se para: ya no se pasan páginas del libro, no se responden mensajes o no se teje ni un punto más. Si hasta parece que ya ni se oye la música de los cascos de la gente. Todo el mundo mira hacia abajo, acepta con serenidad la espera, en silencio y deja con calma que pase el tiempo hasta que otra vez el tren se ponga en marcha. Casi ni se respira porque hay demasiada gente para tan poco oxígeno y hay que compartirlo.

De nuevo, la música de los cascos vuelve a sonar y todo el mundo consigue llegar en paz a su destino.