sábado, 23 de noviembre de 2013

¿Cómo superar una ruptura y cómo me influyó negativamente el libro el Secreto?

Lo primero que quiero decir es que no me he leído este libro. Lo han leído varias amigas y a través de ellas, me llegó la principal propuesta de este libro. Ellas, como buenas amigas, me recomendaron algunas de las instrucciones que proponen este libro. Obviamente, no es muy prudente opinar acerca de un libro que no has leído pues para opinar bien tienes que conocer distintos puntos de vista. No obstante, no me voy a permitir leer este libro pues, para mí, se basa en la superstición ("piensa esto y lo conseguirás") y yo, como todos, soy una persona supersticiosa.
Fue hace más de un año ya (menos mal que muchas veces el tiempo pasa para bien). En ese momento, me sentía muy enamorada de una persona que no me correspondía como yo quería y mis ideas sobre esta relación llegaron a ser obsesivas. Empecé a terribilizar la situación, no sólo a nivel individual sobre esa persona (“si no es él, no es ninguno”) sino respecto a mi vida en general (“con la edad que tengo, sola y sin familia”). Pensamientos terribles y no realistas que me hacían sentir emociones extremas, cercanas a la tristeza absoluta.

En este contexto, la mejor recomendación que cualquiera pueda hacer es acudir a un psicólogo que te ayude a cambiar las ideas a través del debate y te haga ver el poco sentido y la escasa funcionalidad de éstas.
Sin embargo, como no quería dejar de estar enamorada de esa persona y crees en una superstición muy común (si me preocupo, algo bueno pasará), pues en vez de acudir al psicólogo, me refugié en aquellas personas que me decían aquello que quería escuchar (y a los que tengo que dar las gracias pues bastante difícil es soportar a una persona en estas condiciones).
En este contexto psicológico, entra en juego este libro: El secreto. Varias amigas estaban viviendo un proceso de cambio y superación personal y me comentaron la principal idea que aparece en este libro y es que “si deseas algo con la suficiente intensidad, el universo a través de la ley de la atracción te lo traerá”. Y claro, esa idea supersticiosa encontró un buen hueco en mi cerebro para acomodarse.
Una y otra vez deseé, escribí en un papel lo que deseaba (papel que ha viajado conmigo por distintos países) y al final lo único que pasó fue que me OBSESIONÉ. Además, conforme pasaba el tiempo la obsesión cambiaba: primero era una obsesión particular (deseo a esta persona) después una obsesión general, ya que como la persona no se acercaba, me dijeron que lo estaba haciendo mal, que no hay que desear a una persona en concreto sino la situación vital que quieres conquistar (deseo tener a una persona que me quiera a mi lado).
En la pérdida de cordura que viví en este tiempo (ahora me leo y no me reconozco), conforme me recuperaba, sabía que había algo mal, que no era bueno desear con tanta magnitud (aunque sea un deseo legítimo) y sobretodo posponer mi felicidad a cuando lo consiga.
Incluso, cuando comuniqué a las personas cercanas que a lo mejor ese método era erróneo, encontré rechazo. (Casi) nadie quería escucharme cuando decía un pensamiento mucho más adaptativo: “a lo mejor nunca tengo una familia y a pesar de eso tengo que ser feliz y aceptar”. Y esta última reflexión que algunos no quieren escuchar es totalmente cierta. No todo el mundo tendrá una familia “por mucho que se lo merezca” y no por eso serán más desdichados que aquellos que la tengan.
Fuera el esquema mental de que las cosas externas, las cosas que deseas son las únicas que te pueden hacer feliz. Tú ya tienes todo en ti para ser feliz.

¡Qué malos son los 30!

viernes, 15 de noviembre de 2013

Esto no es justo. No me merezco esto.

Hay dos expresiones que se utilizan mucho en la vida cotidiana. En realidad,  si nos damos cuenta una proviene directamente de la otra:     

 - Esto no es justo.
 - Te mereces algo mejor.

¿Cuántas veces te los has dicho? ¿Cuántas veces te lo han dicho? ¿Las has escuchado o te las has dicho casualmente hoy?¿Y esta semana?

La verdad que son dos expresiones que, desde mi punto de vista, no tienen sentido.  Por eso, cada vez que alguien me dice que “eso tú no te lo mereces porque tú te mereces cosas buenas”, aunque agradezco la frase, pues sin duda es reflejo del aprecio que esa persona tiene hacia mí, no es un reflejo de cómo funciona la realidad. Así que de lo que me quedo de esa frase cuando alguien me la dice, es que si me la dice es porque me quiere.

La vida no funciona de forma justa. Esto es algo que podemos evaluar  todos, todos los días. Cuando alguien comete un asesinato, por ejemplo, que puede ser el acto más cruel contra otra persona, a quien lo hace, no le pasan cosas malas “porque se lo merece” o al contrario, a las personas que hacen el bien, el mundo no conspira para darle todo lo bueno (más allá de lo que esa persona consigue a través de su conducta). Esto es una obviedad pero parece que continuamente se nos olvida.

Por eso, en la intimidad solemos decirnos a nosotros mismos: “no es justo lo que me acaba de pasar” “me merezco algo mejor” y esperamos a que la gente nos diga que nos merecemos lo bueno. Como dice Rafael Santandreu “la justicia está sobrevalorada. En la naturaleza no existe justicia”.

Es interesante partir de lo que queremos, de lo que nos desearíamos que nos pasara y trabajar firmemente para conseguirlo. Pero si no lo conseguimos, tenemos que tener la suficiente flexibilidad mental para aceptar que eso no nos corresponde.

En relación a la justicia y las relaciones humanas , para mí algo fundamental que se nos debe quedar claro, es cuáles son nuestros valores: “qué nos gusta y qué no”, “cómo nos gusta que nos traten los demás”. Si tuviéramos más claros estos valores, y para nosotros es importante ser justos con nosotros mismos, si alguien no cumple con las expectativas de nuestros valores y para nosotros estos valores son fundamentales e intocables, debemos tener la fortaleza de dejar de quejarnos, dejar de valorar si esta situación es justa o no y, por tanto, dejar al otro ir.

Por poner un ejemplo, cuando una relación de pareja está empezando (también puede pasar cuando la relación lleva tiempo pero en esa caso la estrategia puede ser otra) y aún no se sabe si es una relación seria o no, solemos exigir al otro que nos trate de una manera determinada y nos solemos quejar si el otro no lo hace: “jó, por qué no me llamas” “por qué no cuentas conmigo para eso” “no es justa la forma en qué me trata” “no me tiene aprecio”.

De nada sirve pedir una y otra vez al otro que cambie la forma de tratarnos, la forma de relacionarse con nosotros porque lo más probable que pase es que poco a poco se aleje de nosotros. Cuanto más pedimos, menos libre se siente el otro para dar.


Por eso, un truco que siempre funciona es dejar que el otro actúe libremente y así podremos ver realmente el interés que tiene en nuestra persona.

viernes, 18 de octubre de 2013

Erase una vez una madre que quería mucho

 Erase una vez una madre que quería mucho a sus hijos y erase una vez unos hijos que querían mucho a su madre. Esos hijos estaban orgullosos de esa madre porque veían que ella les daba amor, les cuidaba y se preocupaba de que no les faltara de nada. Esa madre, sin embargo, creía que lo que ella hacía era poco para sus hijos porque, aunque los hijos la besaban, le daban las gracias por lo que ella les daba y la trataban muy bien, para ella esas muestras de cariño por parte de sus hijos eran insuficientes. Como pensaba que era una buena madre pedía más y más muestras de cariño para poder creérselo. Entonces, les preguntaba a sus hijos:

     - ¿Quieres a mamá? ¿De verdad que la quieres? 
    - ¿Cuánto quieres a mamá? ¿Cuánto, cuánto, cuántooooo...?

 Y les pedía a sus hijos que se lo demostrasen: 

      - Ven. Dame un abrazo. Venga dame otro.
    - Ayyyyyyy, cuánto quiere mi niño a su madre verdad. Ay, ay, ay, ay... (Achuchón acompañado de beso que deja la cara roja y algo dolorida). 

 Sin embargo, nunca se lo creía. Nada era suficiente.

   Estos hijos, como he dicho, querían mucho ¡mucho! a su madre y comprendían que ella necesitaba de esos achuchones, de esos besos y de esas caricias para sentirse bien. Sabían que ella dependía de que ellos le dijeran que la querían más que a nada en la tierra, que era la mejor mamá del mundo -algo que de verdad pensaban- y que lo estaba haciendo realmente bien. 

   Pero cuánto más se lo decían, cuántos más besos le daban, más quería ella. Y ellos se cansaban. Eso no significa que no la quisieran. Sólo que se sentían hipócritas diciéndolo tantas veces y querían decirlo de forma libre, cuando a ellos les apeteciera y no sólo cuando la madre les "obligase". Así de esta manera, cada vez le daban menos besos espontáneos, menos caricias francas, cada vez había menos sentimientos puros. Todos eran forzados por la presión de la madre y estaban circunspectos a la necesidad que ella tenía de recibir esas caricias. 

   La madre se empezó a sentir triste porque se dio cuenta que habían reducido esas muestras de afecto naturales y voluntarias que los hijos dan a sus padres. Y como una madre es una madre, exhibiendo el sentimiento de generosidad tan grandioso que las buenas madres (que son casi todas) muestran para con sus hijos, no culpó a sus hijos por ello. Sabía que había algo más. Sabía que el problema estaba en su interior. Que estaba dentro de ella y que lo podría controlar. 

Dibujo realizado por la niña Victoria Got 
   De pronto, se dio cuenta que la necesidad que ella tenía de que sus hijos la quisieran, se había convertido en una obligación para ellos. Y que la obligación había reducido el número de caricias y que las caricias que daban no eran sinceras como las caricias del principio. Por eso y porque esta madre era muy sabia, encontró rápidamente la solución.

   A partir de ese día, la madre dejó de pedir caricias. Al principio lo pasó muy mal porque si el número de caricias ya eran pocas cuando ella las pedía, ahora que ella no las pedía, este número se convirtió casi en cero. Los besos de cada día eran los justos y limitados a la situaciones "más usuales" como el beso de despedida de las mañanas y el beso de buenas noches. 

   ¿Qué pasaba? Pues que, a los hijos, este cambio tan radical de la madre también les afectó. No sabían si su madre ya no les quería o si, secretamente, se había enfadado con ellos por no haber estado a la altura y no haber sido unos “buenos hijos”, porque no le habían respondido lo suficiente al número de caricias. 

   Sin embargo, con el paso de los días vieron que su madre, en el resto, se comportaba igual: que los miércoles seguía haciendo su comida favorita para animarles en el medio de la semana y que ésta no se hiciera tan larga; que los domingos les seguía alquilando esas películas que tanto les gustaban; y que como siempre en la mochila les ponía un dulce-regalito para que cuando lo encontraran por sorpresa se acordaran de ella. 

   Y estos hijos que también eran muy sabios se dieron cuenta que lo que había hecho su madre era una de las más difíciles tareas. Reprimirse para dejarles libertad a ellos y que mostraran sus muestras de amor y afecto cuando ellos quisieran y no sólo cuando su madre se lo semi-exigía.

   Como no, a partir de ese momento, el número de demostraciones de afecto aumentaron y no aumentaron en una media normal sino de forma exponencial. Los hijos agradecían que su madre les hubiera hecho el mayor regalo que les podía hacer: dar amor en libertad. Regalar amor en un contexto en que cada uno puede elegir cuando muestra su cariño y, desde ese respeto del espacio de cada uno, es cuando más veces te apetece mostrarle a otro que aunque son dos círculos separados, siempre hay una intersección donde esos dos círculos se cruzan y esas intersección es el más fuerte lazo de amor que puede haber entre un hijo y su madre. 


 “Uno sólo tiene lo que da” Isabel Allende 

miércoles, 9 de octubre de 2013

La manía de hacer de psicólogos

Los conceptos de la psicología se utilizan, en la calle, de forma popular. Cualquier persona hace juicios diagnósticos sin el mayor reparo de que lo que  está haciendo es etiquetar a otra persona en un trastorno clínico que tiene una serie de características, basadas en muchos años de estudio observacional y científico. Así, podemos fácilmente escuchar que "Manolo está pasando por una depresión" o "Es que Ángela es un poquito (o bastante) bipolar" si ningún tipo de reserva por parte del que las dice. 

A veces, son tan ridículas estas actitudes que se suman a la poca modestia del "es que yo tengo un poco de psicóloga". Cuando oigo a quien por haberse leído varios libros de autoayuda y alguno de coaching hace diagnósticos, me da miedo pensar la manía que tenemos de juzgar y poner etiquetas a todo y a todos

Es tan ridículo como si alguien te dijese que lleva varios días que le duele la barriga y en vez de recomendarle que vaya al especialista le dices: "pues puede ser que tengas un problema en el colón y si no es en el colón es en la última parte del intestino delgado...". Lo mejor, si te está confiando que hace mucho que se siente mal, que está perdido, es derivar al profesional

Porque las etiquetas a lo único que pueden conllevar es a que Manolo o Ángela se encasillen y se sientan "más a gusto" en sus "estado depresivos o bipolar", en vez, de buscar alguna solución a esa tristeza de Manolo o a esos cambios de humor que sufre Ángela. Manolo y Ángela pueden caer en la trampa del "no puedo hacer nada para cambiar" y asumir como parte de sí mismos ese estado mental. 

Parece que cada vez estamos más rodeados de personas que podría ser recomendable que acudieran a un especialista porque tienen una baja autoestima, porque son dependientes emocionales, porque utilizan distintos medios para no reparar en la realidad (alcohol, drogas, sexo, relaciones destructivas...). Personas que día tras día nos las encontramos en los bares, los llamados "habituales", que están ahí y a la vez de estar ahí están enganchados al whatsapp, que están muy visibles en las redes sociales, que son muy activos pero que hay algo extraño en esa actividad. Esas personas que parecen vivir para afuera. Personas que, en realidad, tienen mucho miedo. Pero, de verdad, ¿quién no ha pasado por esto alguna vez? 

Es lo más normal y lo normal es incompatible con estar encuadrado en un diagnóstico, y porque todos hemos hecho alguna vez algo que es anormal y no tenemos ningún trastorno. ¿Quién no ha suplicado ante un amor que le decía que ya no le quería? ¿Quién no ha bebido tanto que no ha despertado en un sitio en el que no era intención despertar? ¿Quién no ha pasado una larga temporada en que parecía que no había sueños, ni motivaciones, ni ilusione, ni nada? E, incluso, ¿quién no ha pasado por todo esto a la vez?

Hay temporadas en las que estamos perdidos. Por eso, si estás viendo a alguien perdido cerca de ti (o tú mismo sabes que lo estás), mejor evitar poner una etiqueta de la que luego va a costar escaparse. Un profesional de la psicología es una gran ayuda para volver a reorientarte, para volver a tener ilusión, para luchar contra todos esos pensamientos negativos que andan por tu cabeza, para que esa baja autoestima se ponga en el nivel que como persona te mereces y puedes estar. 

Porque hay muy buenos psicólogos y porque hay que confiar en que los seres humanos pueden cambiar, antes de diagnosticar, recuerda de qué sector eres profesional. 

domingo, 29 de septiembre de 2013

Lo que suponen las bodas

   El traje, el vestido, los zapatos, los regalos, el sobre...está claro que, a nivel económico, las bodas suponen un revés en la cartera que no todo el mundo puede (o quiere) asumir. Por eso, mucha gente decide ir a aquellas bodas de los amigos "de verdad". Aquellas bodas de la gente con la que más te apetece compartir ese día tan feliz. 

  A nivel emocional, está claro que es un día de alegría. Un bonito día en el que ves que una pareja que, en la mayoría de los casos, se quiere mucho, celebra la creación de un vínculo, si cabe, más fuerte del que tiene. Además, además de compartir la felicidad de los novios, es la oportunidad para reunirte con viejos amigos que las prisas del día a día, los compromisos, el trabajo, etc han provocado que haga mucho tiempo que no ves.

   Ayer tuve la boda de una gran amiga y pude volver a apreciar lo mismo que he visto en las últimas bodas de grandes amigas. Y es que una de las cosas más bellas de cada una de las bodas a las que he ido es que se producen "microbodas". Es como si, además de casarse los novios, se recasaran aquellas parejas que ya llevan muchos años juntas. Parejas que influidas por la rutina o la monotonía pueden pensar que ya no queda un gran vínculo de amor entre ellos, pero que, sin embargo, ese día se contagian de la felicidad de los novios y recuerdan el por qué un día tomaron la decisión de pasar la vida acompañándose.

   Tengo que reconocer que aunque siempre me he sentido más contraria a las bodas que a favor, ver esa sonrisa de felicidad, especialmente durante el baile -momento en el cual estas microbodas alcanzan su punto álgido-, de todas esas parejas que cada día llevan a cabo el extraordinario acto de mantenerse juntas a pesar de las dificultades, hace que ese día merezca mucho más la pena. Una bolsa de oxígeno para seguir unidos en la cotidianidad de los días. 

viernes, 20 de septiembre de 2013

Historias de bares: la historia de Ada


Son muchas las historias que pasan en los bares. Normalmente, dos tipos: las historias que te pasan en el bar de siempre que se suelen crear cuando viene alguien nuevo que le da variedad a los "parroquianos" o cuando tienes la suerte de ir a un bar en el que te acogen sus parroquianos por una noche y cada uno te cuenta un poquito de su historia. 

De esa noche podría haber destacado varias historias pero, al fin y al cabo, la que más te marca es esa que te hace que se salten las lagrimillas. No sólo al que la escucha, si no al que la cuenta también. 

La historia de Ada: (contada por su tío)

Ada nació en Kenya. La adoptaron con 3 años de edad pero aunque tres años de una niña no son nada, son los suficientes para que ya hubiera sido víctima de abusos físicos y psicológicos por parte de sus cuidadores. Por suerte, tuvo la suerte de ir a parar a una familia que la estaba esperando con los brazos abiertos. 

Un domingo cualquiera Ada estaba con su madre y su tío e hizo una travesura. La madre de Ada, en su cometido de educarla, le explicó que estaba mal lo que había hecho. Ada se puso muy triste, casi decepcionada consigo misma pues no le gustaba disgustar a su madre porque no había anticipado que eso que acababa de hacer no se debía hacer. 

La madre que se dio cuenta y para tranquilizarla le explicó que no se preocupara, que es que ella tenía la obligación de educarla y de enseñarle aquellas cosas que estaban bien y entonces le empezó a poner ejemplos para que lo comprendiera. Entonces le preguntó:

Madre: - Ada, ¿te acuerdas quién te enseñó a cruzar por los pasos de cebra?
Ada: - Sí mamá. El tío Guti -contestó-. El tío que estaba allí presente sonrió

Madre: - Pues, ¿te acuerdas por ejemplo, quién te enseñó a resolver ese problema de matemáticas que tanto te costaba?
Ada contestó: - Sí, mamá. La seño Pilar me enseñó. 

Ahora era la madre quien ponía la misma cara de tristeza y decepción que Ada había puesto antes. En su tercer intento la madre preguntó:

- ¿Te acuerdas quién te enseñó a lavarte las manos antes de comer?
Y Ada, por tercera vez contestó: - Sí mamá. La abuela Ana.

La madre, en ese momento, ya no triste sino más bien algo enfadada le preguntó:

- Entonces, ¿qué pasa que tú madre no te ha enseñado nada? 
Y Ada muy sonriente contestó: Sí mamá. Tú me has enseñado lo más importante.

El tío de Ada y su madre se miraron sorprendidos. Ella preguntó: ¿Y qué es eso tan importante?- aún algo ironizó.

- A reír mamá. Tú me has enseñado a reír mamá. A reír y a sonreír. Antes de venir aquí no sabía.

Y en ese momento, al tío Guti que era el que evocaba ese instante tan inolvidable de su vida y a mí que escuchaba con atención, se nos saltaron las lagrimas. 


Historias de la vida cotidiana que merecen la pena

martes, 10 de septiembre de 2013

¿Por qué me dices que estoy loca?

Frases como "estás loca, muy loca" suelen salir en muchas discusiones de pareja. Suele ser una defensa que se utiliza a veces, demasiado pronto, a veces más tarde, para contradecir la argumentación de la pareja. A mi siempre me ha parecido uno de los golpes más bajos que se pueden dar en las contiendas lingüísticas pues desestabiliza al otro completamente y le deja sin ningún tipo de credibilidad, en parte por el reduccionista concepto social de que los locos están fuera de la realidad y, por tanto, su razonamiento no es real.



Las personas que nacieron después que tú en una familia serán siempre "las pequeñas" y aunque crezcan te costará escucharlas como personas mayores, no porque no razonen con razonamientos sabios e interesantes de escuchar, sino porque siempre las verás como "pequeñas" de la casa. 

El otro día iba con dos de estas pequeñas de mi familia y empezaron a hablar de una discusión que habían tenido sus vecinos. Paredes de papel que permiten que se oiga todo. La discusión trataba de una discusión muy común en la vida cotidiana.  Ella había cogido el móvil de él y había visto los mensajes de whatsapp que se mandaba con una amiga, mensajes en los que una parte de la relación (ella) valoraba que eran mensajes demasiado cercanos para con una amiga y la otra mitad de la relación (él) valoraba como mensajes normales y atribuía a la locura de ella su preocupación por estos mensajes . 

Más o menos, le relataba la conversación de esta manera: 

Ella: Pero tú no te das cuenta de cómo estás hablando con ella. ¿Tú no te das cuenta que va a pensar otra cosa???
Él: ¡Estás loca! ¿Tú no te das cuenta que estás loca???

Y casi a la vez que pronunciaba  esta última frase, casi a la vez, las dos contestaban: "uy, uy,uy...pues si la está llamando loca algo de verdad hay, pues cuando te dicen loca ya se sabe..."

En ese momento abrí los ojos como platos y empecé a prestar más atención a la conversación, a la vez que hacía una valoración rápida de mi pasado y recordé algunas de las veces que me habían llamado loca y luego resultó ser verdad aquello de lo que sospeché. 

jueves, 22 de agosto de 2013

Time will say it

  Hablamos, hablamos, hablamos… hablando tanto para controlarlo todo. El objetivo es conocer todas las reglas antes de empezar, tener aclarados todos los puntos, firmar el acuerdo y cuando se empieza, al final, ocurren los mismos fallos. Pacto frustrado.

   Una vida es muy difícil de controlar, pues más dos vidas de ya una cierta edad. Cada uno viene con sus “taras”. La primera vida con una rebeldía desorbitada por un miedo atroz a perder la libertad. La otra con un corazón tan hipersensibilizado que le es imposible mostrar a la otra parte, antes de empezar, que con cualquier cosa sufrirá.

  Y en la mesa las cartas de siempre: "Quiero ser folla amigos, sólo folla amigos". Porque realmente es una situación ideal: no alcanzas ningún compromiso al que ahora no puedes llegar y a la vez mantienes una relación más o menos constante con una persona con la que acabarás teniendo un sexo de calidad, así como la estabilidad suficiente para tener algún sentido de orientación en vidas algo perdidas sin que ese compromiso sea demasiado alto.

  Pero realmente ¿quién no sabe que de esta situación uno de los dos saldrá perjudicado? (sino los dos) Recuerdo cuando el profesor de inglés le dijo a mi compañero italiano que ese término en London no era correcto pues es “impolite”. No sólo es impolite. Más bien es imposible.

   Y es imposible porque, en general, no se cultivan las dos cosas de la misma forma. O "se folla más" o "se es más amigos". Pero las balanzas  de ambas partes no están equilibradas. En la mayoría de los casos, se cultiva más la primera parte del término que la segunda, pues una relación muy cercana de amistad llevaría a pensar que "hay algo más" y a ese "algo más" se le llama “novios” y es que nosotros, los jóvenes y los mayores, tenemos un miedo atroz a ser pareja porque ya tuvimos parejas antes y sufrimos, sufrimos tanto que ahora preferimos la libertad. Por lo que en realidad, más correcto sería llamarle "amantes" puesto que la parte que más se cultiva es la del “folla”, aunque si los amantes hacen el amor de nuevo otra vez una limitación lingüística porque aquí no se ama.

  Al fin y al cabo, la realidad es que la balanza no existe. Y no sólo no existe con el término. Sino que tampoco existen entre las personas. Al final como decía mi amigo “elmuertovivo”: "uno  de los dos siempre tiene una situación preferente", la balanza a su favor, y no sólo decide cuándo se folla y dónde se folla, sino que suele poner los parámetros de la parte de amigo: para esto sí somos amigos, para esto no...

   Por favor, que nadie piense que esto es una peli de malos o buenos. No pensemos que el que más ama es el bueno y el que menos es el cruel. Simplemente, es un conflicto de intereses. Cada una de las dos partes suele buscar lo mejor para ella e intenta llevarse todo lo que quiere.  Una parte tiene que perder para que la otra pueda ganar. Así que ambas partes son egoístas, porque ambas partes quieren que la relación que desean tener con el otro sea la que priorice. Pero sólo uno puede vencer.

  ¿Qué necesitas para ser un buen follaamigo? Necesitas algo de insensibilidad. Ser insensible a los besos, a los abrazos, a los colacaos compartidos, a las caricias, a mirarse a los ojos. Especialmente, a eso. Necesitas ser muy insensible a que el otro frente a ti te mire a los ojos y te equivoques en la interpretación de esa mirada. Esa mirada no significa amor aunque haya ilusión, no significa futuro aunque haya deseo, no significa estabilidad aunque haya alegría. Esa mirada significa “me gustas aquí y ahora”. Ideal para una terapia gestáltica. Y eso ni es bueno ni es malo. Es una realidad. Si no te gusta, no te metas en este lío.

  El time will say it que no es fácil dar la cara, que no es fácil ser equilibrado, que no es fácil no dañar y que no es fácil acertar. Lo que dijo el tiempo es que aún en esta vida, no estábamos preparados para esta relación.

  Si eres el que amas, no pienses que tu folla amigo es un egoísta. Ya sabías lo que había. Creo que pensar que la gente es mala, te hace que te duela más la genteSmile because it happened and cry because it was over.

Y, de nuevo, Bélgica pasó por mi vida para dejar un rastro. El mejor en forma de canción:

Dedicado a los que huelen bien. 

martes, 13 de agosto de 2013

Diferencia entre alegría y felicidad: la historia de Miriam

Ayer me paré a pensar por primera vez en la diferencia entre "ser alegre" y "ser feliz". Para ser sincera, no caí en esta distinción de forma espontanea. Todo vino provocado por un párrafo que encontré en un bonito libro.

La verdad que me gustó hacer ese pequeño stop en este párrafo -de mi vida-. Me sirvió para darme cuenta que siempre, durante toda mi vida, he estado equivocada. Sólo he pretendido ser feliz y, si hacemos caso a la distinción que hace esta autora, a través de su personaje, las personas felices son "felices por algo", dependen de algo para ser feliz. Sin embargo, la alegría sale de dentro, es una forma de ser.

A partir de ahora, quiero ser alegre. Quiero ser alegre como Miriam: 10 meses seguidos en Londres, sin vacaciones, lejos de la familia y los amigos, en un trabajo duro, con un salario demasiado escaso para esta ciudad y siempre, siempre, siempre, sonriendo, a pesar de todo. Miriam es el ejemplo de una historia cotidiana de esta dura ciudad.

Me alegra pensar que yo para los demás soy una persona alegre como para mi lo es Miriam, pues los demás no tienen la culpa de que esté esperando a que llegue "algo" para ser feliz.


viernes, 7 de junio de 2013

Mi madre: "la forastera"

Le ponen un nombre folclórico lo cual creo que le determinó la vida, no porque se hiciera cantante de coplas, si no porque esa fuerza y gracia que tienen las folclóricas, a ella le han servido para conseguir todos los sueños que se ha propuesto. Se lo dedico justo hoy porque justo hace 4 meses el día 7 de febrero de 1953 nacía.

A mi madre no le importa que escriba su año de nacimiento puesto que es la única mujer que conozco que en vez de quitarse años cuando le preguntan la edad, se los pone. Y yo que siempre he tenido muy buena memoria para las edades cada vez que lo hacía, le decía “¿por qué mientes?” y ella me decía, "no miento sólo me echo más años. Quitarse años sí que es una tontería". En realidad, ella está muy acostumbrada que todo el mundo piense que tiene menos años, no porque ella se echara unos años de más, sino porque siempre ha parecido más joven de lo que es. Desde los 32 años que es cuando la conozco (o desde que tengo memoria de ella más bien) le pasa esto. Y cada vez menos años le echan respecto a los que tiene.

La historia de la relación con mi madre no ha sido perfecta (como todas las relaciones). Tiene muchos altibajos que siempre hemos sabido solucionar: verdaderamente, que siempre ha sabido solucionar ella porque si hubiera sido por mí a lo mejor estábamos peleadas. Soy innecesariamente cabezona.

Su historia muy parecida a la de otras mujeres de su edad, es la historia de una niña que deja el cole para ponerse a trabajar, en su caso, en una tienda de muñecas y como era tan tan pequeña, aprovechaba para jugar con ellas cuando su jefe no estaba delante. Si alguna vez la reñían, respondía convincentemente que las estaba probando para así saber enseñársela mejor a la clientela.

Mi madre era tan buena dependienta que muy pronto la cambiaron a la otro tienda, donde ya vendía género para personas mayores. Este “ascenso”, a ella le dio mucha pena pues tenía poco más de 14 años y ya no podría volver a jugar con las muñecas ¿Qué tipo de género vendería? Pues de esos artículos que cuando las relaciones sentimentales se ponen serias, se regalan para poner de adorno en las nuevas casas.

Pronto llegó a convertirse en la dependienta principal. Si en vez de trabajar en una tienda sin convenio, hubiera trabajado en Zara, la podríamos haber llamado la encargada. Y esa tienda en la que trabajaba, que ya era muy conocida en la ciudad, se hizo más y más famosa en parte gracias a su presencia.

Tanto que cuando a mi padre deciden trasladarle a otra ciudad de España, el jefe de mi madre utiliza todos sus influyentes contactos para ofrecer a mi padre un contrato en otra empresa y así no tuvieran que dejar la ciudad. Mi padre que también es innecesariamente cabezón, no acepta y entonces y, a pesar de la pena, se trasladan.

Una vez en esta nueva ciudad empieza a trabajar dentro del hogar como actividad única. Pero los días tienen 24 horas y a ella con esta única actividad le sobra tiempo de estas 24. Además, se aburre bastante y sobretodo echa de menos el contacto con la gente. Así que decide poner una tienda, a pequeña escala, en una ciudad que ni siquiera conoce: ¡qué miedo!, ¿no?. En la primera de ellas (luego vendrían más) paga las consecuencias de ese desconocimiento. Pone la tienda dentro de un centro comercial, en una época que no se llevaban los centros comerciales y no tiene mucho éxito. Además, el tipo de artículo que escoge no es el más adecuado para la ciudad desconocida a la que se enfrenta. A pesar de esto, tiene las suficientes ventas y la confianza necesaria como para poder darse cuenta que quizás en otro local y con otro género diferente la cosa iría mejor

Por lo que se traslada a un local que, antes y después de que ella se pusiera, todos los negocios que han puesto no han superado los temibles dos primeros años. Ella duró mucho más de ese tiempo y si decidió cambiar a otro fue porque el local se le quedó pequeño.

Entonces pasó a una tercera tienda. Y esta parte es la más interesante. Pues hasta ahora ella había sido una “persona que pone una tienda de barrio”. Pero a partir de ese momento empieza a ser una “mujer que se está entrometiendo en un mundo que hasta ese momento estaba controlado por hombres en la ciudad”. Entonces, esos hombres de las otras tiendas, van a saludarla de una manera no del todo agradable, diciendo que a qué está jugando y si ella tiene idea en lo que se mete. Sí que tenía idea: llevaba mucho tiempo sin comprarse ropa nueva, sin vacaciones o sin salir a cenar para no saberlo. Cuando no tienes un respaldo económico o familiar para montar un negocio, aprendes rápido en lo que te metes.

 Por eso, poco a poco esos hombres, sí que descubren que sabe a lo que juega: lo notan cuando empiezan a bajar sus ventas y a ver esta nueva tienda de la forasteracon clientela. 

En esos años, empieza a ponerse en marchas iniciativas en la ciudad como los centros comerciales abiertos para intentar luchar con la fuerte competencia que hacen los cerrados. Y entonces a ella le piden participar. Y, de nuevo, no es fácil. Vuelve a ser un mundo de hombres y/o de relacionados y ella, aunque ya lleva muchos años en la ciudad, ni es hombre ni pertenece a ninguna de esas familias con solera que hay en cada ciudad. Es una mujer desconocida, excepto para su clientela. Así que al principio se tiene que enfrentar con las típicas risitas de "está quién se cree" "pero está de qué habla" "pero vete a tu casa a hacer las tareas del hogar" (tareas que tengo que decir NUNCA dejó de hacer porque parece ser que las 24 horas de mis días no son las mismas 24 horas de sus días y a ella le daba tiempo de trabajar, hacer las tareas de casa y lo mejor de todo, escucharme una y otra vez todas las historias que yo que soy muy pesada -se nota con este blog  ¿no?- le tenía que contar). 

Sus ideas calaron muy bien en el centro comercial tanto que ahora que ella ya no está dentro (pues, tras una cuarta tienda, decidió que ya era hora de retirarse para hacer otras cosas) aún se sigue poniendo la pista de hielo en la  ciudad en el invierno o se sigue haciendo un sorteo durante la primavera.  


Yo que ahora tengo la edad de mi madre cuando la conocí, puedo decir que no sé cómo ha conseguido hacer todo lo que ha hecho, especialmente, con tan poco ayuda. Podría contar más cosas de ella, porque si esto puede parecer difícil, no es nada comparado con lo que tuvo que afrontar después de que decidiera dejar las tiendas y vivir la vida. Justamente, cuando decidió que ya era hora de dejar de tanto trabajar y que ya le toca vivir y aprovechar las 24 horas en viajar o ir a cenar, entonces, en eso momento, el destino, ese que no se puede controlar, casi le deja fuera y le impide poder disfrutar de estas otras historias. 

miércoles, 22 de mayo de 2013

"No me contesta al whatsapp"

   Se suele decir que "nunca estuvimos tan bien conectados como hasta ahora". Pero lo que nunca se dice, y creo es igual de cierto, que nunca fuimos tan paranoicos como hasta ahora, que nunca observamos todo con tanta atención, con tanto detalle, analizando minuciosamente el por qué hace o deja de hacer el otro algo y, más concretamente, en la comunicación vía on line, tanto que, a veces, rozamos lo absurdo

 A continuación, os presento un experimento (perdónenme la clase científica por utilizar aquí esta palabra) que he hecho con mis móviles. Lo he hecho de manera accidental. Ahora les contaré los resultados a mis amigas y espero que confíen en mi y que me crean (ya que cuando intento consolarlas nunca me creen y eso me frusta bastante).

   Últimamente, recibo muchas quejas de que fulanito o sutanito no les contestan a los mensajes: "¡Lo ha leído y no me ha dicho nada!". Y yo le digo: "a lo mejor no lo ha leído". Y ellas me contestan algo malhumoradas: "sí, si. Si lo ha leído, ¿ves? Se lo mandé a las 18:15 y su última conexión es de las 18:17". Otras veces me dicen: "¡Mira está en línea ahora!. Le voy a hablar... Nada que no me contesta"

Resultado de mis investigaciones:

   Por circunstancias vitales (¡vamos!, por estar viviendo en otro país) tengo dos móviles. Con el móvil inglés, le doy a ratitos internet al móvil español. Mi móvil español lo tengo agregado como contacto al whatsapp inglés. 

11:18 Apago la conexión del español. Por lo tanto, dejo supuestamente de estar "en línea"
11:25 Me pongo a tontear con mi móvil inglés y por azar miró el móvil español y ¡bualá! sorprendetemente aparezco "en línea". Por lo que aparezco en línea 7 minutos después que haya dejado de estar en línea.
11:34 ¡¡¡Vuelvo a mirarlo y aún sigo en línea!!! Lo que era imposible pues mi móvil español desde las 11:18 estaba sin Internet. Por lo que aparezco "en línea" 16 minutos después de que no tenga ni conexión en el español.
11:35 Dejo de estar en línea. Ultima conexión: ¡¡11:12!! Dato erróneo pues mi última conexión real fue a las 11:18 y a las 11:34 si tomamos la irreal. 
11:43 Vuelvo a mirarlo por curiosidad. ¡¡¡Bualáaaaa!!! Vuelvo a estar "en línea". Pero ¿cómo? Si mi móvil español lleva sin Internet desde las 11:18. Totalmente cierto. 
11:45 Lo miro por ultima vez. Última conexión 11:36!!! ¿¿¿Pero quién se ha conectado a esa hora??? Porque yo no. 

   En definitiva, cuando mis amigas me escriben todo preocupadas y molestas porque alguien no les contesta, procuro no darles como argumentos lo que la propia aplicación sacó en notas de prensa diciendo que sus tiempos no eran fiables, porque he comprobado que ante los temas del amor, nadie quiere escuchar discursos racionales aunque sean los más fiables. Siempre apunto al argumento de que nadie tiene por qué contestar a un whatsapp inmediatamente pues puede estar trabajando, estudiando... y difícilmente pueda hacer estas cosas a la vez que chatear por teléfono. Estamos demasiado conectados y creemos que, por eso, siempre debemos de estar disponibles ante los otros. 

   Por otro lado, también me parece de mala educación lo contrario, es decir, no contestar aunque sea al final del día o cuando se pueda contestar. 

  Pero, en definitiva, el whatsapp no es una manera fiable de saber si alguien pasa o no pasa de ti. Si al fin y al cabo si pasa, ya te enterarás.




Dedicado a mis amigas, las que se preocupan. 

lunes, 20 de mayo de 2013

La costumbre de pedirle peras a los olmos

   Tengo que reconocer que llevo varios días para escribir este post y no era capaz de concretarlo (al final me va a quedar muy largo pero es lo que necesito expresar). Este post está dirigido sólo a mujeres. Así que si eres hombre, te recomiendo que dejes ya de leerlo. 

   Aunque sé que los prejuicios no son buenos, una cosa es pensar que no son buenos, y otra cosa es obviar que hay algo en general que nos falla a las mujeres y que, o empezamos a cambiarlo o seguiremos sufriendo día tras día, año tras año... Seguiremos viviendo engañadas en el "Vale, lo he pasado mal, pero esta decepción me ha servido para aprender. Con esto que me ha pasado he crecido". Y, SÍ es verdad que aprendes, pero el aprendizaje te vale sólo hasta que llega la próxima oportunidad de demostrarlo. De nuevo, ante la próxima oportunidad, los mismos mecanismos se vuelven a poner en marcha. Y los mismos fallos que cometiste, los vuelves (volvemos) a poner en práctica. 

   Todo empezó desde mi propia experiencia. Fui a darle una sorpresa a una persona importante para mi y la sorpresa me la dio él cuando mostró menos ilusión que un pavo ante la llegada de Navidad. 

    Entonces, a partir de ese momento un cúmulo de mujeres decepcionadas llegaron a mi vida, tanto es así que tendré que elegir 3 casos:

Primero de ellos: Ligar en la barra de un bar. 

   Cualquier persona que se pase sentada en un bar desde las 1 pm hasta las 9 pm bebiendo vino blanco, no puede estar bien. Seguro que le pasa algo. Pero es que si además un hombre le da unas ilusiones que probablemente hacia mucho tiempo ningún hombre le daba, entonces, puedes desencadenar en ella un torbellino de emociones innecesarias ("fuck off" fueron sus últimas palabras antes de abandonar el bar). Y así fue la conversación:

     - ¿Quieres que vayamos después a cenar algo? Le preguntó ella a él cuando él le había invitado ya a dos copas de vino. Se acababan de conocer. 
    - Y él le dijo: Sí, vale. ¿Por qué no?
    - Y yo pensé: Mentira. Este no quiere ir a cenar. Ya verás cuando se lo diga.

   Y, efectivamente, cuando ella le dijo que por qué no se iban ya a cenar y él le dijo que no, entonces la revolución llegó al bar. Y encima yo pillé gresca porque el "correcto" holandés no tuvo otra cosa que despedirse más correctamente de mi que de ella. 

Segundo de ellos: Enrollarte con tu compañero de piso.

    El segundo de estos casos, es el de dos compañeros de piso (por lo que viven juntos, mala situación para que sea sólo un rollo) y tienen un "affair" la noche antes de que él pase las vacaciones en su país. Debido a esto no existe ese típico día siguiente tan útil para predecir si sólo va ser un rollo o si puede que haya algo más. Por lo que durante el tiempo que él está en su país, supongo que ella empieza con el proceso de ilusiones que solemos poner en marcha la mayoría de las mujeres (de verdad que creo que muchas veces las mujeres no nos enamoramos de otros, si no más bien de lo que nos gustaría que nos pasara con otros). Y durante el tiempo que él no estuvo, ella creó una serie de ilusiones que descubrió caerían en vano, una vez que le vio. Pero el amor ya estaba en su alma y ahora tiene que recomponerse. 

   Da igual que sea tu compañero de piso o un chaval que pasa una temporada por tu ciudad pero, al fin y al cabo, vive en otra ciudad o en otro país. Un rollo es un rollo, aunque:

 - Dure en el tiempo.
 - La persona sea cercana y viva contigo.
 - La persona te vaya a visitar varias veces a tu ciudad, etcétera. 

   Un rollo es un rollo hasta que él no diga lo contrario (la mayoría de los casos son ellos los que dicen cuando deja de ser rollo y se convierten en "novios" y si alguien piensa o conoce casos al contrario, me alegro, hay esperanza). 

     Y a un rollo no le puedes pedir lo mismo que a un novio y menos actividades que, en general, no les gusta a los hombres (como estar permanentemente en contacto). Por tanto, si te las da, alégrate y deja de quejarte tanto porque no te presta atención.  Si no sois novios no esperes que actúe como novio.  Y si lo que quieres es un novio y no llevas bien que te traten así, no sé qué haces con esa persona. 

   Así que alégrate porque :

    - Te conteste al whatsapp, aunque sea a las tres horas y tú sepas que ya lo ha leído. 
    - Hable contigo por teléfono, skype o todas las diversas formas de comunicación que existen ahora y que colapsan a los humanos, especialmente, a los masculino. 
    - No se enrolle con otra en tu cara. 


Tercero de ellos: Esperar que tú novio te trate de la forma más especial, que seas la única. 

     El otro día se quejaba una amiga de que su novio le había hecho un regalo parecido al de su mejor amiga. Yo creo que para él, ella es la mujer más importante que existe ahora mismo, pero ella al ver que había compartido el regalo con otra persona, se ofendió. Y es que María Jesús Álava lo explica bien en sus textos "uno de los errores comunes de las parejas es esperar que las mujeres reaccionen como si fueran hombres y viceversa". Las mujeres no deben cometer el error de esperar propuestas creativas de los hombres por lo que mi amiga tuvo suerte de que su novio le hiciera un original regalo de cumpleaños, aunque fuera el mismo que compartió con la mejor amiga de él.

    Tres niveles de relación con un hombre. Y es curioso porque lo qué daría la mujer de la barra de bar por dormir una noche con él. Así, se hubiera sentido menos sola, aunque hubiera entrado en el segundo nivel. Y lo qué daría la compañera de piso porque su compañero le hubiera hecho un regalo especial para su cumpleaños, aunque sea uno compartido con otra amiga. Y sin embargo, lo que daría la novia porque su novio le trate como la mujer más especial y única de la tierra, como normalmente sólo se trata a las madres

Por lo que, ¿siempre pedimos más y cuando lo tenemos pronto lo dejamos de valorar? 



En definitiva, que he concluido que es muy importante el "valora lo que tienes porque cuando consigas lo que quieres, posiblemente no valores lo que tienes"

domingo, 12 de mayo de 2013

Cinco errores que solemos cometer cuando nos gusta alguien


El máximo error que cometemos es el de (1) tomarnos demasiada confianza excesivamente pronto. Y de esta manera (2) les hacemos bromas desatinadamente cercanas (que implican un grado de proximidad y confianza típica de pareja y, a menudo,  incluso pueden sentar mal porque no las entienden –aunque el otro tenga un buen sentido del humor-); (3) les mostramos hechos de nuestra vida o de nuestros intereses como si a la otra parte le interesaran, sobrecargando de información nuestra personal al otro; ó (4) creemos que la otra parte se acuerda de todo, se acuerda de eso que le dijimos o que le pasó con nosotros, cosa que normalmente no suele pasar porque el otro no está tan “enfatuado”* como nosotros, molestándonos cuando comprobamos que no se acuerda y en el peor de los casos haciéndoselo saber.

Lo peor de todo es cuando para ligar hacemos muchas preguntas porque queremos saber de la otra parte y lo que conseguimos es provocar rechazo en ella. A nadie le gusta contar su vida así sin más, a quien hasta ese momento es un desconocido.  Diferente es cuando sabemos que “hay algo”. Entonces, mostrar sentido del humor, preguntar a la otra persona  para escuchar atentamente sus respuestas y recordar las anécdotas que pasan con ella, funcionan. Pero antes, en la mayoría de los casos, no.

     Es bueno ser prudentes a la hora de mostrar la “enfatuación”  que sentimos por la otra parte, porque, aunque es muy bonito hacer lo que el corazón nos pide, un desbordamiento de sentimientos puede provocar en el otro rechazo, especialmente cuando el otro no tiene prisa o no tiene otras alternativas. Pero ¿qué difícil contener al corazón cuando alguien te gusta?

“Enfatuación”: traducción hecha por un friend of mine de la palabra inglesa “infatuation” que significa encaprichamiento. 

viernes, 10 de mayo de 2013

Prometo dejarme convencer para cambiar de opinión: opiniones sobre los españoles

   De nuevo, de vuelta a los Starbucks a los que estoy muy agradecida puesto que me permiten hablar con mis amigas de forma gratuita por Internet y, aunque me encanta su hot chocolat, tantas conversaciones de "wasap" acompañadas de hot chocolats me hubieran arruinado. Hoy, no sé si porque fue el primer día o porque tenía que hablar con dos de mis mejores amigas una misma conversación sobre dos hombres diferentes, hice algo que nunca hago: me pedí un hot chocolat mediano. 

   Durante estas conversaciones de whatsapp he tenido la oportunidad de escuchar hablar a cuatro españoles que se han sentado junto a mi (sí he sido un poco chismosa pero mis amigas tardaban en contestar y es fácil que se te vaya el oído hacia el lado de los que hablan tu mismo idioma). 

  • Edad media: 25 años aproximadamente
  • Conversación: oída una y otra vez desde que llegué aquí. 
  • Y todo empieza con la frase de siempre: "Qué mierda es no saber lo que voy a hacer con mi vida. Es una putada no saber qué va a ser de ti"

    Y a partir de que esa frase, dicha por una chica, haya saltado a mis oídos, ya no he podido dejar por un rato de estar interesada en lo que se iban diciendo unos a otros. Tengo que reconocer que me ha apetecido intervenir porque de verdad que he notado que los cuatro necesitaban un buen abrazo y unas palabras de ánimo, pero hoy no me he atrevido a hacerlo. 

    Una y otra vez repetían estereotipos los cuales ya he oído cientos de veces en mi lugar de origen y en cada sitio que voy. No obstante, me gustaba porque una vez después de decirlos, se contradecían y decían: "bueno pues yo ahora no lo veo tanto". Y ahí van tres estereotipos: 
  

  1. "Pero los españoles tenemos algo bueno y es que sabemos disfrutar de la fiesta. Aunque la verdad, ahora que estoy pensando, no creo que seamos tan vagos como se dice porque aquí la mayoría de los españoles que conozco en mi trabajo, que son muchos, todos trabajan mucho y los de otros países o el manager, que es inglés, se escaquean más".
  2. "Sí porque los ingleses no trabajan tanto como dicen. Siempre dicen que lo van a hacer y luego lo hacen pero con tiempo ¡eh!. Sin prisa. No son tan eficaces". 
  3. "Pero ¡eso sí!, los españoles son unos ladrones, cuando estuve en los países nórdicos (no en Inglaterra porque aquí se roba tela también) se dejaban lo móviles en lo baños cargando y luego los recuperaban". Es ahí cuando más me ha apetecido intervenir: pues soy española me encontré un móvil y lo devolví. Y cuando he contado esta historia casi todo el mundo a la que se la he contado,ha encontrado alguna vez algo (un móvil, un perro, una cartera con dinero etc) y todos han devuelto estos objetos superando más de unas dificultades para devolverlos. Así que, de verdad, que a lo mejor no llegamos al nivel del país de los nórdicos pero en España devolvemos.   

     Me doy cuenta que no hay nada más difícil que hacer cambiar a alguien de opinión y que el objetivo de este blog de hacer caer en la cuenta de que repetimos una y otra vez los mismos "razonamientos" que muchas veces son sólo verdad por tanto repetirlos, era un cometido demasiado vanidoso por mi parte. 

    Prometo dejarme convencer para cambiar de opinión. 

martes, 7 de mayo de 2013

4 ideas que me protegieron ante el desempleo


Me han despedido y no me siento mal por qué...Fue una pregunta que le di vueltas y vueltas hace ya unos cuantos meses. Escribí este post y no lo quise publicar pues pensaba que haberme quedado sin trabajo estaba todavía reciente y temí que a largo plazo estos pensamientos fueran sólo un espejismo y que me diera un bajón por haberme quedado en desempleo y más por las circunstancias en que todo pasó. A día de hoy, sigo sintiendo los mismos sentimientos o quizás estas sensaciones son aún más positivas. Tuve suerte de que "me echaran". 
  1.           Trabaja para vivir y no vivas para trabajar. Aunque te guste tú trabajo ten mucho más hobbies a parte de tu trabajo. Si el tiempo te lo permite porque hay trabajos que ocupan tantas horas a las personas que no les deja tiempo para tener cualquier tipo de afición. Pasar tiempo en el bar o ver la tele no valen. El desempleo me ha permitido hacer algo que nunca hubiera hecho si hubiera seguido trabajando: continuar este blog. 
  2.           No creas que tus compañeros de trabajos son amigos. Si ya es difícil tener buenos amigos (pero haberlos hailos) ya que son muchas las veces que nos decepcionan los que creemos que son amigos, la gente que está en los puestos de trabajo aún hay mayor probabilidad de que nos decepcionen. Un ejemplo: que te estén haciendo mobbing y que tu compañero de trabajo que tú crees que es amigo tenga que ir a declarar a favor tuya en un juicio. ¿Qué probabilidad crees que existe de esto? Cuando la gente tiene que hablar de ti mal lo va a hacer por muchas copas que hayáis tomado juntos y muchas comidas de navidad que hayáis compartido la familia. Y cuando la gente puede perder un puesto de trabajo por defender a una persona antes de hacerlo se lo piensa.  Pero eso, no quiere decir que los seres humanos sean más o menos malos. Si no que el trabajo no es la mejor cantera para encontrar amigos. No obstante, yo puedo decir que tengo muy buenos amigos derivados de mis trabajos.
  3.           Que hayas ahorrado:  Y lo digo sin tener relación con ningún banco pues a ellos son los que más les interesa. Ahorrar depende más de características personales que de causas objetivas. Es decir, depende más de si eres una persona previsora que de si  tu salario te lo permite. Porque aunque hay personas que ganan muy muy poquito y prácticamente no pueden ahorrar o tienen una familia muy extensa que mantener, conozco muchos casos de gente que ganando más y con mejores condiciones a priori para ahorrar, se agobian más a largo plazo porque les hayan despedido o se les vaya a acabar el paro que aquellos que fueron hormiguitas y pensaron en los momentos de vacas flacas. Pero en general siempre se puede tener una hucha (yo me la hice ganando muy muy poquito y viviendo en un piso de alquiler de precio bastante alto). Porque esta hucha añadida al paro hace que el impacto del despido sea menor pues tenemos más tiempo para encontrar otro empleo. Es ahorrar: no es dejar de vivir, viajar o salir para pensar en el futuro. 
  4.       Tengo la oportunidad de hacer algo nuevo, de cambiar, de hacer aquello que siempre he deseado. En mi caso esto era vivir en otro país. Y mira que si lo hice y continuo haciendo. Creo que soy muy afortunada de ver mi emigración de España como una opción personal, más que como una consecuencia de la situación económica. Especialmente, porque todas las personas que viven fuera y lo ven de la segunda manera, tienen un sentimiento de resentimiento hacia el país poco útil para emprender en un futuro algún tipo de actividad que pueda mejorar la situación de este. 

           Así que aún sigo contenta en no haberle hecho caso a ese amigo que, para ayudarme, me decía que hiciera todo lo posible para que me mantuvieran en mi puesto de trabajo porque no iba a encontrar trabajo en esta situación. Y creo que seguiré contenta por mucho tiempo porque las perspectivas se presentan buenas. Ahora mi amigo, que también ha cambiado de trabajo dos veces en plena crisis y las dos veces para trabajos mejores que el anterior, también se alegra de que no le escuchara y disfruta con mis nuevos proyectos.

domingo, 5 de mayo de 2013

¿Y qué pasa cuando te ponen los cuernos y te dejan?


Cuando te engañan existen dos posibilidades (bueno, existe una tercera que es que no te enteres pero como si no lo sabes ahora mismo no estarás sufriendo pues este post no te sirve):

-       Una es seguir con la relación y mirar a otro lado como si no pasara nada.
-       La otra es que tú dejes o que te dejen pero, en definitiva, que la relación se termine.

En este último caso, en el caso en que la relación se termina y tu pareja, ya ex-pareja empieza a mantener una nueva relación con la persona con la que te ha estado engañando, no sólo tienes que recuperarte de la pérdida sino que tendrás que sobreponerte del sentimiento de humillación de que te hayan puesto los cuernos. Con un agravante más: que te ha dejado por otra persona, por lo que tu nivel de autoestima ha quedado reducido a las cenizas de un inmundo cenicero. 

Y es que en ese momento la "lavadora" empieza a funcionar y ya no puede parar. Tu imaginación que es ilimitada  imagina a esas dos personas haciendo todo aquello que hace menos de una semana hacia contigo: besándose, acariciándose, compartiendo, riéndose, amándose...   Y por mucho que intentes no pensar, parar esos pensamientos, se convierten en incontrolables y no dejan de repetirse una y otra vez. Son pensamientos con una visualización muy clara, casi real.

En esta situación es una de las más importancia adquiere las relaciones personales: los amigos. Ahora mismo necesita muchísimo cariño, necesitas recibir por algún lado el amor que se ha fracturado. Y es importante cómo, de qué manera, los que estén alrededor tuya, te apoyen y te den ese amor. Por ejemplo, las frases de "tienes que seguir para alante" "no mirar para atrás" que tan poco funcionan tras las rupturas ahora menos. Pero tampoco es útil escuchar frases del tipo: "con lo que tú vales ya encontrarás a algo mejor" porque era a él o a ella a quien tú querías. Por último, de nada sirve que te ayuden con comparaciones con las nueva persona "es que el/ella vale mucho menos que tú" porque esto automáticamente hace que te preguntes "entonces, si vale menos que yo, ¿por qué está con ella y no conmigo?", ahora no es consuelo y te hace volver a imaginarte lo bien que ellos estarán, lo que se estarán riendo sin ti.

La mayoría de lo que piensas no es verdad. Puede ser que sí que se lo estén pasando bien pero, en general, ese pasarlo bien tiene una duración limitada. Los fallos que tuvo contigo los cometerá con la nueva persona. Los cabreos, las manías, la monotonía todo volverá, como es lógico, a su vida. Lo que estás haciendo es idealizar su nueva relación, seguramente idealizarla mucho más de lo que la ve él/ella que está enfrascado en esa nueva relación. 

Y, por supuesto, el sexo con la nueva persona seguramente en este momento no será tan fantástico como tú te lo estás imaginando. Contigo era mejor, por una cosa, porque a ti ya te conocía

Si estás pasando por esto, te deseo mucha fuerza.